Desde nuestra superficialidad, ya sea la psiquis o los razonamientos muchas veces vanos de la mente, no vemos la realidad como es, sino a través de nuestra interpretación, contaminada con conceptos, enseñanzas adquiridas, ideas. Jesús nos invita a entrar en el silencio profundo del ser, más allá del ruido de las opiniones ajenas o propias, para poder comprender la realidad, aunque no tanto desde lo intelectual.

Cuando acepto Su invitación, y me anclo en mi ser interior, dejando de lado las búsquedas incansables de la mente, todo se vuelve sereno y puedo elegir las actitudes con las que vivir cada acontecimiento, sin juicio. Meditando es como entramos en contacto con la Fuente del Amor y la Dicha.

El misterio pascual se vuelve luminoso desde estas profundidades. Motivo de alegría plena, paso de la muerte a la Vida, gozo de estar vivos y respirar, La Pascua se encarna en la Vida, plena y eterna.

Blanca Valloni

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