mandalahermoso

Para nosotros que hemos escuchado, leído y participado  la historia de la Resurrección de Jesús, podría ser muy evidente y hasta podríamos querer juzgar las reacciones de María Magdalena, de Tomás y de otros al enterarse de la Resurrección de Jesús.

Pero me pregunto, ¿verdaderamente damos por hecho la Resurrección de Jesús? La vemos solamente como una tradición que se celebra cada año? Preferimos vivir estos días con resignación y con absurda fijación gozamos más la crucifixión para justificar nuestra existencia?

¿Somos personas que nos gusta vivir a la sombra de la muerte, nos auto-flagelamos constantemente cargando nuestros dolores que no queremos soltar? Nos quedamos con una imagen mental de un Jesús petrificado en una cruz y hacemos de nuestra vida un infierno – nos volvemos seres siniestros, miedosos y temblorosos y nos auto-crucificamos constantemente?

Jesús no resucitó para El – su Resurrección nos abre las puertas del Cielo! Su Resurrección es para tí y para mi, para que vivamos en plenitud, para que ya gocemos su gloria. De otra forma, su Resurrección sería en vano – solo sería para Él.

Sabemos que Jesús siempre está vivo, pero nos percatamos que también nosotros somos co-partícipes de la plenitud de Jesús?

Si, cuesta trabajo creernos Resucitados – es más fácil pensar que esto solo ocurrirá cuando llegue nuestra muerte, como una promesa de gloria o de fantasía post-mortem.

La Resurrección de Jesús no está atada al tiempo, ni al hecho de que estemos vivos ahora y muertos después. La Resurrección rebasa nuestras barreras conceptuales, nuestras ilusiones y fantasías. No lo podemos explicar, por eso le llamamos Misterio Pascual – por eso María Magdalena no podía comprender aún siendo la primera testigo. Nadie antes había resucitado.

Abre tu corazón para dejarte transformar por la Resurrección de Jesús, sabiéndote que eres totalmente amado hoy y siempre, que Él ya te tiene en el Cielo, que ya te liberó de la esclavitud, de las culpas, de las exclusiones, de los viejos traumas y dolores.

Creé, aunque no lo creas, que la Resurrección es un misterio cósmico y personal, que transforma tus células, que te hace heredero de la divinidad, que te libera totalmente. Permite que Él moldee tu alma y ábrela para dejar salir los dones de su Amor. El Espíritu de Jesús resucitado te habita – eres  y soy de El, para siempre!

 

Lucía Gayón

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