La energía de Dios está siempre presente. Cuando nos abrimos para verla, de forma deliberada, con toda nuestra voluntad, de pronto empezamos a ver como nuestro mundo se integra.

Nuestro pasado, nuestras experiencias, nuestros momentos difíciles, nuestras emociones, nuestra imaginación, nuestros pensamientos, lo que amamos se colocan en esa escala musical, creando así una sinfonía divina.

Entramos entonces a las esferas del Amor – donde todo es posible!

Lucía Gayón

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