Entre miles y miles de increíbles milagros de amor, hay uno en particular que quiero compartir con ustedes:
Jesús me ha constantemente e insistentemente atraído a él, donandome, desde niña hasta la fecha, una intensa atracción por la oración.

Les cuento además que hace tres años, exactamente el 7 de Febrero del 2014, ha llegado al extremo de alcanzarme a pocos metros de mi casa, yéndose a vivir en una deliciosa  capillita de adoración silenciosa perpetua, en donde, 24 horas al día, se queda esperándome con admirable paciencia en el Santísimo Sacramento.
Es abismal el contraste entre mi débil e inconstante respuesta y su tenaz y apasionada, dulce, persecución….
Que vergüenza.

Pero, bueno, esto ya es otro argumento.

En la misma línea: hace pocos días, el martes pasado, 31 de enero, Jesús me ha nuevamente llamado a la meditación constante… y me ha puesto en contacto con su maravilloso grupo.

¡Que sorpresa más linda!

´Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria;
Inclinó hacia mí su oído el día en que lo llamé.
Me envolvían los lazos de la muerte, estaba preso en las redes fatales, me ahogaban la angustia y el pesar,
pero invoqué el nombre del Señor: “¡Ay, Señor, salva mi vida!”
El Señor es muy bueno y justo, nuestro Dios es compasivo;
El Señor cuida de los pequeños, estaba débil y me salvó.
Alma mía, vuelve a tu descanso, que el Señor cuida de ti.
Ha librado mi alma de la muerte, de lágrimas mis ojos y mis pies de dar un paso en falso.
Caminaré en presencia del Señor en la tierra de los vivos.
Tenía fe, aun cuando me decía: “Realmente yo soy un desdichado”.
Pensaba en medio de mi confusión: “¡Todo hombre decepciona!”
¿Cómo le devolveré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa por una salvación e invocaré el nombre del Señor,
cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo su pueblo.
Tiene un precio a los ojos del Señor la muerte de sus fieles:
“¡Mira, Señor, que soy tu servidor, tu servidor y el hijo de tu esclava: tú has roto mis cadenas!”
Te ofreceré el sacrificio de acción de gracias e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo su pueblo,
en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén.´
-Salmos, 116-

Amici di Sorella María

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