JohnMain

“Una de las percepciones más importantes a las que ha llevado el instinto religioso a nuestra sociedad es la de que este tipo de experiencia verdaderamente religiosa no puede ser encontrada simplemente por ser parte de una organización. Los jóvenes en particular han llegado a entender el rol del maestro como guía experimentado y animador. Y uno de sus principales instintos, como tenemos abundante evidencia hoy, es el de buscar un maestro y una comunidad dentro de la cual andar el camino de su peregrinaje. Una de las tragedias de nuestra situación es que hay tan pocos maestros de esa bondad que Jesús nos impuso, tan pocos que pueden hablar de bondad en su propia experiencia.

El instinto que lleva hoy a la gente a buscar un maestro no es nuevo. Es una parte esencial de nuestro carácter religioso y espiritual. Todo el Nuevo Testamento es un testimonio de la necesidad de maestros iluminados, personas cuya experiencia personal les permita trascender un sentido de identidad egoísta y entrar en una relación amorosa con otras personas por el bien del progreso del Reino.

Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros (2 Tim 2:2).

Una de las grandes revelaciones a la cual puede conducirnos nuestra conciencia de hoy nuevamente despierta, es leer las cartas de San Pablo bajo esta luz y ver en qué grado tan profundo él fue el maestro de estas Iglesias primitivas, plantando la semilla de la Palabra, cultivándola y siempre alentándolos a perseverar en su peregrinaje hacia el conocimiento pleno del Espíritu al que fueron llamados (1 Cor. 3:1-10).

El enojo de Jesús con los fariseos en el capítulo veintitrés de Mateo se suscita porque ellos estaban traicionando la confianza con la cual fueron investidos como maestros de la gente.

Más que conducirlos hacia la luz de la madurez espiritual, los fariseos eran guías ciegos orientando a la gente hacia caminos falsos. Y no sólo permanecieron fuera del santuario de la verdad, sino que hicieron de ellos mismos escollos para impedir que otros entraran.

El ministerio de Jesús era el de un maestro que orientaba a aquellos que lo seguían libremente en el peregrinaje hacia esa misma experiencia a la que Él había sido orientado. El capítulo seis de Mateo y el capítulo once de Lucas lo muestran dando orientación específica sobre la oración en respuesta a pedidos concretos. Aunque curaba y escuchaba, él fue para sus contemporáneos más que un consejero o un obrador de milagros.

Fue un maestro, orientándolos con amor a la experiencia de sus propias bondades como hijos de Dios y hacia una relación madura con él mismo. En la crónica de los últimos discursos a sus discípulos, Juan nos muestra a qué nivel del ser el Maestro había estado orientándolos: no a una dependencia infantil, sino a una relación plenamente humana y amorosa:

“Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero (Juan 15:14-16).”

Extracto de: Comunidad de Amor, de John Main
Traducción: Noelia Valenzuela y Mary Meyer
Revisión: Marina Müller
Regalo de Enrique

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