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“Me has desilusionado; esta es la cruel realidad”!

Tener ilusiones de algo o de alguien se puede interpretar como el crear una fantasía que nos hace felices. Puede ser causada por un hecho real que distorsionamos para acomodarlo a nuestra imaginación. Asimismo, esta fantasía puede crecer hasta el punto que la asumimos como una realidad.

Las fantasías no se pueden sostener por mucho tiempo y cuando de pronto nos damos cuenta que la persona o el objeto de la ilusión no es lo que imaginábamos, se nos puede caer el mundo y es entonces que tenemos que afrontar “la cruel realidad!”

La meditación nos da estabilidad, nos permite ver con más claridad las ilusiones que hemos creado y qué tan apegados estamos a esas ilusiones. No es fácil pasar por el proceso de “desilusión” voluntario, pero tenemos que hacerlo pues es el camino de la sanidad y de la santidad.

El ver la realidad como algo cruel, triste y crudo nos va a entorpecer para poder pasar el proceso voluntario de la desilusión.

Tenemos que cambiar el concepto de la realidad, o aprender a ver la realidad desde otro ángulo. El ángulo luminoso.

La meditación nos ayuda a ver la realidad de nosotros mismos como personas valiosas, que somos realmente ama-bles, que tenemos origen y destino divino. Estamos invitados a contemplar esta hermosa realidad, lo que nos permitirá expandir esta visión hacia los otros y hacia Dios.

Lucía Gayón

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