JohnMain

´El clima espiritual de nuestra época está hecho de ambos, hambre de buscar un conocimiento absoluto y una profunda intuición del misterio del carácter personal de este conocimiento. No es un conocimiento que podamos obtener de la misma manera que adquirimos conocimientos de historia o de termodinámica. No es el conocimiento de un `curso de oración´.

Estos son aumentos de nuestros bancos de memoria, posesiones que no participan enteramente del misterio de nuestra condición humana. El conocimiento real del que hablamos es diferente. El centro de conciencia, el agente inteligente, no somos nosotros mismos adquiriendo, saboreando, vivenciando y observando. Este conocimiento no es algo que poseemos sino algo que nos posee a nosotros. Conocemos completamente sólo cuando hemos sido completamente conocidos.

Conocer en el sentido cristiano es ser tomado por el misterio del autoconocimiento de Cristo: su oración. El extraño y redimido rasgo de nuestro mundo bastante descabellado, es que ha sido conducido a esta más sensible y hermosa percepción espiritual. Una cultura que casi ha perdido su alfabetización y su potencial de comunicación inteligente, se las ha arreglado de algún modo para apoderarse de una seguridad más hermosa que la de muchas generaciones precedentes, de una verdad que muy sutilmente se puede vislumbrar entre las letras de una palabra y la repercusión de su significado. Es una impresión que a menudo ha dado una sabiduría anómala a muchos de los jóvenes que están buscando el camino hacia su significado pleno. ¿En qué otra época el libro de Thomas Merton “El Zen y Los Pájaros del Deseo” se hubiera transformado en un best-seller entre los jóvenes? ¿En qué otra época tantos se han enfocado tan valientemente en el principio fundamental del mensaje de Jesús – el que quiera encontrar su vida debe perderla?

Parezco haberme corrido demasiado rápido de la perspectiva desalentadora para la Iglesia del mañana, hacia la sensibilidad espiritual del mundo de hoy. Para explicar dónde eventualmente sucederá el encuentro redentor entre estas dos cosas, déjenme volver a la Iglesia actual y mirar algunos de sus signos más esperanzadores. Porque después de todo, si vemos hacia adelante una Iglesia tan fracturada e impotente como podría llegar a estar institucionalmente, entonces eso no puede ser la Iglesia orientada por el Espíritu y fundada en la roca de Cristo. La Iglesia es un océano. Se levanta, crece en un lugar y se va desvaneciendo en otro. Aquellos que han dejado el yo atrás para seguir a Cristo han dejado la orilla, están siendo llevados por el océano y movidos por la marea y el mar de fondo.´

(continuará)

Extracto de: Comunidad de Amor, de John Main
Traducción: Noelia Valenzuela y Mary Meyer
Revisión: Marina Müller
Regalo de Enrique

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