La persona que decide meditar cada día y experimenta la necesidad que hay en hacerla se da cuenta de que ha comenzado un camino sin retorno.

La meditación no se hace durante una temporada, sino que necesita tiempo y vida, ya que es una manera de ser en la vida y de vivir la vida. Sí que es verdad que hay épocas de sequedad, vacíos, sensaciones de que no sirve para nada, que estoy perdiendo el tiempo, y entran ganas de dejar de hacerla. No hay que ir buscando ni esperando nada.

A la meditación hay que ir con obertura de corazón y vernos sin miedo, porque esta actitud nos ayudará a situarnos ante la vida y sus conflictos, con actitudes nuevas. En la medida en que somos constantes vamos descubriendo el amor y amistad que se crea con Dios y que Él nos va poco a poco transformando en su amor.

Pilar

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