JohnMain

A este nivel de nuestra existencia, somos parte del resplandor del amor creador de Dios y allí estamos conscientemente abiertos a su plenitud porque somos `creados a su imagen´. El renacimiento de la sensibilidad espiritual de nuestros contemporáneos debería llevarnos a escuchar esta plegaria de San Pablo con más profunda conciencia:

“Que él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior. Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios”, Efesios 3:16-19.

Cuando la Iglesia primitiva proclamaba la Buena Noticia de esta manera, proclamaba el poder y la fuerza de trabajar nuestro interior. Ese poder y esa fuerza es Jesús habitando en nuestros corazones enamorados. La experiencia cristiana es descubrir este poder y esta fuerza en nuestro ser más íntimo.

En otras palabras, el atractivo poder del Evangelio es una oportunidad que amanece sobre nosotros y una invitación a atravesar las barreras egoísticas de nuestra vida, una cita a descubrir quiénes somos y a ser la persona que estamos llamados a ser: y todo esto experimentando la vida y el poder del Señor Jesús trabajando activamente, vigorizándonos en nuestro propio corazón. Cuando una persona joven está buscando su propia identidad y hace esto con la sinceridad que ignora divisiones sectarias, es responsabilidad de la Iglesia colocar esta búsqueda en el contexto de la suprema realidad espiritual para la humanidad – el misterio cristiano. Debemos mostrar este misterio como el punto culminante del espíritu humano.

La Iglesia hará esto no por dialéctica sino comunicando la vida que experimenta. Esto puede parecer difícil para nosotros, entrenados como estamos en la supremacía en curso de la dialéctica, pero escuchemos Efesios nuevamente:

“Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas”, Efesios 1:22-23.

La experiencia cristiana que San Pablo testifica no es conceptual, no es principalmente comunicada por la Iglesia a nivel conceptual, nivel en el cual podemos tan fácilmente convertirnos en `un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y vanas polémicas´, 1Timoteo 6:4.

La experiencia es mejor descripta como una transformación de conciencia, lo que San Pablo llamó la posesión cristiana de `la mente de Cristo´. La comunicación es espiritual y directa.

(continuará)

Extracto de: Comunidad de Amor, de John Main
Traducción: Noelia Valenzuela y Mary Meyer
Revisión: Marina Müller
Regalo de Enrique

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