colores vivos y alegres

Medito porque allí me encuentro con Dios. Y es “allí” más que “así”, porque más que un “cómo” siento que la meditación es un lugar. El silencio, la atención a la postura, a la respiración, me introducen en un espacio que normalmente ignoro y olvido: mi interioridad, habitada, rebosante de la Presencia divina, del Amor que, si no me opongo, se difunde por todo mi ser, mi cuerpo, mis emociones y pensamientos, hasta transformarlo todo.

Medito porque es la mejor manera que encontré de que mi buscarlo a Él devenga en dejarlo hacer en mí.

¡Saludos y bendiciones!

Ezequiel

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