JohnMain

´Los signos de esperanza en la Iglesia de hoy son aquellos rasgos de ella que coinciden con la conciencia religiosa y espiritual del mundo de hoy – los cuales por lo tanto ponen a la Iglesia en la misma frecuencia de sus contemporáneos. He planteado que esto puede ser pensado como consistiendo en dos preocupaciones profundamente arraigadas: la primera por el hambre humano de conocimiento verdadero, la segunda por hallar y colmar lo personal.

El gran movimiento de oración que ha surgido en la Iglesia en cada continente, atestigua estos dos impulsos internos. Ellos no han asumido formas de expresión habituales y sin embargo se mantienen abiertos y receptivos unos con otros y con el mundo que los rodea. Los grupos carismáticos y las casas de oración contemplativa apuntan de distintas maneras al mismo fenómeno.

Para muchos de los jóvenes impulsados por el hambre espiritual, las nuevas comunidades cristianas de oración les están dando posibilidades reales de ser auténticos con su vocación, con su peregrinaje – muy a menudo después que han comenzado a perder la esperanza de conseguir un maestro o una comunidad donde puedan ser sensatos, serios y auténticos con su impulso interior. Al menos esta ha sido nuestra experiencia, en nuestro centro de meditación monástica en Londres y en nuestra comunidad benedictina en Montreal.

Es evidente la importancia de estas nuevas comunidades de oración, que están redescubriendo la riqueza de la tradición cristiana de oración contemplativa. Para todos los que tienen seriedad, su pertinencia es urgente.

Más importante de lo que quizás imaginamos son las grandes personalidades cristianas de nuestra época – hombres y mujeres como la Madre Teresa, el Cardenal Suenens, Jean Vanier, personas cuyo entusiasmo (en el sentido original de la palabra) trasciende la división y el nacionalismo sectarios. Ellos atestiguan el principio fundamental de convicción y experiencia cristiana: una vez que el compromiso – o en el lenguaje antiguo, la conversión – ha tenido lugar, estamos en el camino no del desarraigo, sino de la realización plena de nuestra condición humana; una vez que hemos perdido nuestra vida, de hecho, la encontramos. Ellos nos recuerdan también la promesa de Jesús, de que vino a traernos `vida, y vida en abundancia´. Esto es lo que nuestros contemporáneos están anhelando creer y vivenciar por ellos mismos.´

(continuará)

Extracto de: Comunidad de Amor, de John Main
Traducción: Noelia Valenzuela y Mary Meyer
Revisión: Marina Müller
Regalo de Enrique

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