“Nada existe ni puede existir fuera de la realidad divina”.

Esto no se puede explicar con palabras, hay que vivirlo.

Comprender hasta donde se nos permite que la Presencia está, que vivimos existimos y nos movemos solo en El, y porque El lo quiere.

Presencia que no puede negarse a si misma y que esto es para todos emociona profundamente. Esto enamora y causa siempre asombro y alegría, si ahí esta EL, vivo, presente, disponible, prudente en todo, delicado en todo, pacientemente espera y sigue invitándonos a través de los siglos:

“Estoy junto a tu puerta y llamo si me abres cenaremos juntos”.

Lo que es certeza es que la cena prometida se da, lo cierto es que su palabra es infalible, es promesa a cumplirse indefectiblemente, si le abrimos al Señor, cenará con nosotros y nuestra vida se transformará a partir de su amor misericordioso e infinito.

Junto al Señor, al meditar al contemplarlo, estamos en el Señor mismo. Por gracia se van produciendo sutiles cambios, pero precisos, las fantasías e ilusiones irán cayendo, de la mano de la Presencia, se nos permite mirar toda “nuestra realidad” con mirada nueva, la sabiduría humana perderá fuerza, para dar lugar al resplandor de la Sabiduría Encarnada. Se nos va dando luces a veces imperceptibles y así el despertar se dá, si, vamos despertando a una realidad donde solo el orden amoroso reina.

En este cenar con el Señor la mayoría de las veces, no esperamos nada, será prioridad simplemente descansar en su Paz, eso bastará, paradójicamente descubriremos que se da todo.

El milagro mayor es volver a un estado perdido, el volver a recuperar la inocencia. Lo que no pertenece a Dios se pone en evidencia. Se vuelve a valorar como un milagro todo lo que se da en nuestra vidas, el vuelo de una mariposa se siente como lo que es : el beso de Dios mismo, el aire, la armonía de un hermoso atardecer, el viento, el sol, se nos va dando luces acerca de nosotros mismos, y de los demás, el Amor del Padre, nos emociona, nos embriaga, nos colma, vamos madurando, caemos si, pero aprendemos a levantarnos, fortalecidos en confianza, en esperanza, en amor, en fe, en misericordia, si, vamos anhelando vivir la bendición prometida de esa cena real, que nos llevará a verdaderamente ser en El.

Alicia Vinent

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