Todo o nada

El poder del Nuevo Testamento reside en el fuerte contraste que marca entre la vida antes de la fe en Cristo y la vida transformada por la fe. San Pedro vio aquí un contraste tan fuerte como el que hay entre la vida y la muerte.

“¿Por qué el Evangelio ha sido predicado para los que están muertos? Porque, aunque en cuerpo recibieron la sentencia común a todos los hombres, en espíritu pueden estar vivos con la vida de Dios”. (1 P 4, 6).

Nuestra meditación tiene justamente esa finalidad. Pasar de la muerte del “vivir a medias” y estar plenamente vivos en el Espíritu con la vida de Dios. Nunca deberíamos subestimar la total magnificencia de la visión cristiana, o sentirnos entorpecidos por aquello a lo que nos invita. Al meditar, vivimos en ella y aceptamos su invitación, porque estamos enteramente a disposición de Dios. Cuando nos sentamos durante esa media hora, en la simplicidad de decir nuestro mantra, estamos plenamente a disposición de Dios, en forma absoluta.

La oración pura consiste en lo siguiente:
No hay exigencias, no hay recriminaciones,
no hay actuaciones, no hay amenazas.

Solamente una simple y total disposición a la maravilla de la realidad divina. Por eso es importante meditar, porque dicha disponibilidad nos conduce a la experiencia de la fe.

John Main
Del libro: Maranatha, Camino de la Meditación
Editorial Lumen, Argentina
Título original: The Heart of Creation
Darton, Longman & Todd Ltd.

PREGUNTA DE LA SEMANA

Para tí, ¿qué significa la meditación cristiana?

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