meditación-cristiana-62

No estamos solxs, jamás y en ninguna parte, la Presencia nos habita y Ella es nuestra casa, nuestro nido del que nunca nos deja caer. Sus manos nos sostienen.

Esta certeza se palpa en la meditación, se vuelve evidente como sol de mediodía, por más que ahí fuera arrecien tormentas.

Asomarse hacia adentro es tener sol y calor garantizados, y saber, conocer desde dentro que todo lo demás es inventado, película de ficción, a veces de muy mala calidad inventada para distraernos de lo Real. Merece la pena apear el orgullo, vencer la pereza, encender la confianza ciega y abrir la ventana… siempre ha estado ahí, siempre lo estará porque es la Vida, la única que merece ese nombre.
Solo necesita ese paso hacia la silla, el banquito, la esquina predilecta o ese sillón, la decisión de entrar en la pieza donde solo vive el Amor.

¡ánimo! allí vamos todxs y justo ahí nos encontramos, tal y como somos, las sombras han quedado afuera, junto con las zapatillas y los disfraces ordinarios.

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