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Aún en las corridas cotidianas, en las múltiples tareas que atendemos, en el cansancio, en tantos ruidos que inundan el alma…aún con todo lo que irrumpe…allí…en el interior del espíritu podemos respirar y encontrar en todo momento y a toda hora la paz de Jesús. Momentos especialmente dedicados y momentos en que solo con un suspiro nos centramos, buscando calmar nuestra sed, con el agua viva del espíritu eterno. Orar en silencio…una actitud de entrega y de confianza…un poder rendirse y abandonarse…todo lo demás deja de sonar y solo escuchamos, en un instante, el latido que nos impulsa a seguir.

 

 

Patricia Di Marzio

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