Para restaurar, alimentar y enriquecer nuestro espíritu

Para restaurar, alimentar y enriquecer nuestro espíritu, es necesario hacer un alto en día, acercarse al silencio sanador de Nuestro Señor.

Dejarse empapar por su luz, orar, leer su Palabra, celebrar la Eucaristía, para luego compartir en comunidad.

Liliana Mellano

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