Perdernos en Cristo

Palabras del Evangelio de Mateo:

´El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí. 39 El que antepone a todo su propia vida, la perderá, y el que sacrifique su vida por mi causa, la hallará´. (Mateo 10: 38-39)

Más adelante dice:

´Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo? ´(Mateo 16, 24-26)

Creo que todos hemos leído este Evangelio, así como todos aquellos Evangelios en que hemos tratado de abrir nuestro corazón al llamado de Jesús, podemos percibir la verdad de estas palabras. La paradoja que Jesús nos muestra es que para encontrar nuestra vida, debemos de perderla. Esta paradoja, que sabemos a un nivel profundo de nuestro ser, es verdad.

El desafío que cada uno enfrenta es: ¿Cómo vamos a perder nuestra vida, como despojarnos de ella, para seguir a Jesús, no sólo en el límite de nuestra vida, pero en el centro; no sólo en la periferia, pero en la profundidad de nuestro ser?

En el principio de los tiempos cuando la gente escuchaba a Jesús y trataban de responderle, sus discípulos conocían el camino de la oración. Él mismo fue un gran ejemplo. Como lo sabemos por los Evangelios, Él se retiraba con frecuencia de sus discípulos para estar a solas con su Padre. Es exactamente esta la invitación que tenemos – renunciar a la superficie, dejar la periferia, y, en el centro, ser uno con Jesús, estar con Él en su Padre.

Todos los que estamos aquí esta noche venimos de diferentes lugares, todos vienen con su propia historia personal, pero todos tenemos una meta: Encontrar a Jesús y encontrarnos a nosotros mismos en Él. El camino de la oración que nosotros seguimos como monjes es el camino de la meditación. Este consiste en que cada vez que nos sentamos a orar, tratamos de perdernos a nosotros mismos en Cristo y encontrar nuestro ser verdadero en Él.

La oración es comunión, es unidad. En la oración viajamos para estar íntegramente absorbidos en Jesús y viajamos con Él hacia el Padre. Es un camino de simplicidad. Debes aprender a estar satisfecho con tan solo repetir tu palabra. Es un camino de disciplina. Debes aprender a renunciar a tus pensamientos, a tus reflexiones. Durante la meditación, sin embargo, muy frecuentemente te llegarán los pensamientos, incluso algunos que parecen ser muy profundos, muy religiosos, muy significativos. Pero la meditación es el camino de la pobreza. En el tiempo de tu meditación, debes despojarte de esos pensamientos, para ponerte en manos de Dios. Aprendes a ser como un niño, simple como un niño, decir tu palabra y quedarte satisfecho de hacerlo.

Terminemos con esta oración:

Padre Celestial, sabemos que debemos renunciar a nuestras vidas para así poderlas encontrar. Sabemos que debemos entrar plenamente al misterio de tu Vida Divina. Fortalécenos, danos valentía. Arraiga mi mantra en mi mente, en mi corazón, en todo mi ser, para que podamos ser realmente pobres de espíritu, para que podamos crecer totalmente abiertos al regalo de tu vida y de tu plenitud”.

John Main
Del libro: The hunger for depth and meaning
Edited by Peter Ng
Medio Media, 2007 – www.mediomedia.org
Traducido por Lucía Gayón
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

PREGUNTA DE LA SEMANA

Para ti, ¿qué es la Oración? ¿Qué te evoca?

Publicaré tu escrito en este sitio web donde podrás también ver las reflexiones de otros, lo que nos ayuda tanto en el compartir como en el aprender del otro. Manda tu reflexión a permanecerensuamor@gmail.com e indica el nombre de la ciudad y del país donde te encuentras.