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Hay un área en el jardín de mi casa donde había tierra, pero esta fue cubierta por grava. Por años he tirado ahí cáscaras y semillas de las frutas y vegetales que consumo. Ahí han caído muchas semillas de papaya, melón, naranja, manzana, ciruelas, duraznos, uvas, aguacate, mandarinas y limones. Me preguntaba si algún día podría salir algo de ahí. Mi sueño era que creciera algo a pesar de la grava. Cuando no llueve riego un poco de agua.

Cuál ha sido mi sorpresa que hace como una semana brotaron muchas plantas – están fuertes y sólidas de un verde esmeralda brillante. No podía creer que de entre la grava pudieran brotar esas plantas.

Así es la perseverancia – de pronto brota algo – en su momento regaba y pensaba en el Evangelio de la semilla que cae en tierra fértil. Entonces sin mucha esperanza seguía yo haciendo mi trabajito pensando que sería un milagro que brotara algo de entre la grava. Y aquí está!

Es importante elegir bien la forma en que vamos a perseverar para lograr algo, o para crear un buen hábito o disciplina de vida. Podríamos equivocarnos y terminar perseverando en la creación de hábitos negativos y que nos hacen daño.

Un elemento que nos ayuda es el discernimiento. Ser capaces de distinguir si algo es bueno o es malo – para Dios, para los otros y para nosotros. Cuando algo es bueno, surge la alegría, la serenidad y la paz. Cuando no lo es, surge la angustia, el dolor, la tristeza.

Al discernir decidimos por lo bueno y una vez hecha la elección, hacemos nuestro trabajito diario – aunque haya grava y espinas, abajo siempre hay tierra que nos toca mantener mojada.

Lucía Gayón

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