pensando

A algo que está pleno no le falta nada. Dios es quien tiene la plenitud total y como Él es dador por excelencia, la da sin límites a todos sus hijos. Nuestro ser verdadero, el que fue y es creado todo el tiempo a Su imagen y semejanza, está a salvo en su unidad con Dios, y goza de su plenitud. Sin embargo, nosotros estamos las más de las veces distraídos de la realidad, viviendo en la fantasía del mundo que hemos fabricado, y por eso nos sentimos incompletos, faltos de plenitud. La gran revolución es volver a ser lo que somos, y no lo que creemos que somos. La tarea es ir a nuestra profundidad y comprobar que no hemos perdido nada, que somos plenos en Él. Sólo tenemos que convertirnos en los que somos!! Y esto proporciona Gozo y Paz…

Blanca Valloni

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