JohnMain

´El misterio de la Iglesia como cuerpo de Cristo es el misterio de la condición humana. Ese misterio ejerce tal fuerza sobre nosotros que nos lleva a cada uno a vivir en plenitud la vida de Cristo en nuestra propia época y lugar, a profundizar nuestra experiencia y capacidad para vivenciar cada una de nuestras facultades humanas, a tener nuestros ojos abiertos a la belleza y al poder de la condición humana y de toda la creación en su progreso hacia su fuente y meta común. Al ser así transformados – `renovados interiormente día a día´, como lo expresó San Pablo – nos tornamos personalmente unidos a Cristo. Latimos con su vida y al mismo tiempo descubrimos nuestra comunión con todos aquellos que han partido antes y todos aquellos que vendrán después de nosotros y que están abiertos al salvífico amor redentor de Jesús.

El misterio es Jesús: elevado, glorioso, completamente vivo. Es un misterio viviente que desborda las demarcaciones normales de nuestro pensamiento y sentimiento y que trasciende la capacidad de la estructura u organización humana de abarcarlo o encaminarlo. Es un misterio que nos abarca a nosotros – un misterio cósmico más allá de nuestra comprensión, pero no más allá de nuestra experiencia.

Es esta última convicción de que nosotros podemos experimentar este poder, la que lleva a nuestros contemporáneos a buscar esta experiencia en Oriente.

`Las personas son transformadas aquí en la tierra por la primera resurrección que es la iluminación a la conversión; por ella pasan de la muerte a la vida….´, escribió San Fulgencio de Ruspe.

La primera experiencia de resurrección es encontrar nuestra propia armonía dentro y más allá de nosotros mismos. Porque este es el reino del misterio al que debemos permitir que entre en nosotros, o que emerja desde dentro de nosotros, al nivel más profundo de nuestro ser, más allá de la cognición, más allá del pensamiento. Tenemos que viajar hacia el cimiento de nuestro ser donde estamos, por naturaleza, abiertos a lo que San Pablo llama en Efesios `la plenitud de Dios mismo´.

(continuará)

Extracto de: Comunidad de Amor, de John Main
Traducción: Noelia Valenzuela y Mary Meyer
Revisión: Marina Müller
Regalo de Enrique

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