"Porque todo el que se enaltece..."

“Porque todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.” Lucas 14.11

No es raro que las personas inicien la práctica de la meditación buscando conseguir alguna cosa; relajación, paz interior, parecer más “espiritual”, o incluso el interés de conseguir un supuesto desinterés. Quitando raras excepciones, todos comenzamos así.

La quietud es una especie de “trampa” del amor divino. El sólo hecho de sentarnos en silencio, en la Presencia, sin más a hacer que estar presente, va moldeando el corazón y descubriendo que no depende de nosotros, de lo que buscamos o creemos buscar, sino de Dios que se nos da por completo en puro Amor.

En esa relación de enamoramiento creciente con Dios, en el cielo silencioso de su amorosa presencia, nuestros deseos iniciales van apagándose para dar paso al deseo de Dios en nosotros: el encuentro. Y ese puro amor ya no quiere apartarse, esa es la lealtad divina.

“[…] y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2.20

Andrés Omar Ayala
Filadelfia – Paraguay

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