Medito porque es lo que mi alma anhelaba

Medito porque es lo que mi alma anhelaba. Porque Dios me fue llevando gentilmente a este camino de interioridad. El me dio la señales y mi alma las captó.

Medito porque tengo que hacerlo; porque después de haberlo probado y experimentado mi mente no se resiste a la dulzura del encuentro.

Medito porque voy encontrando mi identidad real, que tiene el DNA divino, que me ubica en la eternidad que es ahora.

Medito porque puedo ir viendo la vida desde una visión contemplativa e integral.

Medito porque es un privilegio tener una comunidad de amigos que nos identificamos, nos sostenemos y nos comprendemos porque compartimos el mismo tesoro.

Medito porque me voy percatando que mis dualidades me están llevando a vislumbrar y celebrar el misterio de la paradoja.

Medito porque descubro que el Amor tiene miríadas de diamante que se me presentan como destellos luminosos y claros; que me invitan a aceptar el regalo tal como es.

Medito porque no soy yo quien lo hago – sino que simplemente me dispongo a dejar ser lo que ya es.

 

Lucía Gayón

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