Preparación para meditar

El propósito de meditar es aprender a vivir nuestras vidas de la forma más plena en la presencia de Dios. Aprender a vivir en su presencia significa también estar energizados por su energía. Como lo sabemos por el Evangelio, su energía es el Amor. Aprender a meditar es aprender constantemente a estar en su presencia y constantemente vivir a partir de esa presencia.

Para aprender algo, debemos aprender a escuchar. Tenemos que aprender la humildad de escuchar y luego iniciar con las tareas simples de este aprendizaje. Si quieres aprender a tocar un instrumento musical, primero debes aprender a tocar la escala. Si quieres aprender un idioma, primero debes aprender la gramática elemental. Debes estar satisfecho de aprender eso, pues sin la base de esta enseñanza simple, no puede haber progreso.

Para aprender a meditar, lo que creo que primero debemos aprender es a sentarnos bien, a sentarnos con la buena postura. La regla esencial de la postura es que nuestra columna vertebral esté derecha. La regla esencial de estar sentados es estar quietos. Entonces una de las primeras cosas que tenemos que aprender es la parte de quietud física de la meditación. Nos sentamos derecho, no con la idea de no estar presentes con nuestro cuerpo, sino que tanto el cuerpo como el espíritu puedan estar en armonía, unificados, para nuestra meditación. La meditación es unidad completa de cuerpo y espíritu, quieto y presente ante Dios.

Ahora nos tenemos que preparar para meditar. La primera preparación está en la bondad que cada uno debemos practicar en nuestra vida diaria. Esto es de gran importancia: que nos preparemos a través de atenciones sencilla, perdón y simple bondad.

Luego, la siguiente preparación es la quietud del lugar donde vamos a meditar así como la quietud del cuerpo mientras nos vamos preparando para la quietud del espíritu, lo que nos lleva a esta total atención del cuerpo y del espíritu.

Creo que es bueno llegar a la meditación limpio – lávate la cara y las manos, para quitar el polvo del día y también al salir de la cama. El lavarnos prepara al cuerpo para estar alerta en la pureza de la meditación.

Luego preparamos al espíritu a través de respiraciones regulares, tranquilas y profundas. Esto crea el ambiente para el trabajo serio al que vamos a entrar. Recuerda que la meditación es entrar en la presencia de Aquel que es. Es su presencia, la presencia de Quien es, que cada uno de nosotros aprendemos a ser, para ser la persona a la que hemos sido llamados a ser.

Para meditar debemos ir más allá de las imágenes, principalmente, de la imagen de nosotros mismos. Entonces cuando comenzamos a meditar, nos despojamos de todas nuestras máscaras. Es como quitarlas y ponerlas en el piso a nuestro lado, para entonces así poder convertirnos en la persona real que somos, en absoluta simplicidad. Luego comenzamos a repetir nuestro mantra: Ma-Ra-Na-Tha. Recuerda que no estamos repitiendo nuestro mantra para impresionar a alguien o para crear otra imagen de nosotros mismos – una imagen espiritual. Repetimos nuestro mantra para dejar ir todas las imágenes, las palabras – para poder entonces ser en total simplicidad.

John Main
Del libro: The hunger for depth and meaning
Edited by Peter Ng
Medio Media, 2007 – www.mediomedia.org
Traducido por Lucía Gayón
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

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