¿Que es meditar? En uno de los párrafos del texto que elegiste para este jueves, John Main lo expresa por nosotros y lo hace de manera preciosa.

´Es un llamado a cada uno de nosotros a tomar las riendas de nuestra capacidad espiritual, y así descubrir la asombrosa riqueza de la capacidad humana y el poder divino. Es también una invitación a estar simplemente abiertos a ese poder a ser energizados por él y a ser arrasados por él hacia lo profundo de la realidad divina.´

A lo largo de esta bendita semana luego del domingo de Resurrección se nos va vistiendo de manera inigualable.

Entre los textos evangélicos elegidos, el del día martes nos lleva a identificamos con la Magdalena, es la mujer que llora, sin consuelo por sentirse separada de su Amor.

El que ha emprendido el camino de la meditación contemplativa, vive algo semejante.

Nuestra alma al meditar se va despertando a la Presencia, emprende el viaje en plena “noche oscura” sin quizá medir el alcance, se encamina al “regreso del estado inocente y puro”. A partir del silencio empezamos a desarrollar capacidades que se nos habían regalado y estaban dormidas, cerradas las ventanas y puertas al mundo nos abrimos a El, se nos concede el ir sensibilizándonos a lo esencial, a esa Presencia que siempre está disponible y que nos espera con paciencia amorosa.

Hoy viernes, se nos regala a Jesús en su última aparición como resucitado, junto al mar Tiberíades, es inigualable y aplicable también a lo que podemos sentir al meditar.

Sin la Presencia, librados a nuestras propias fuerzas, la noche se cierne, el mar se siente como fuerza poderosa y temible, nos sentimos débiles, desnudos.

Al meditar se produce un despertar de la conciencia pura, se nos pone en contacto con la fuente inagotable de misericordia, se nos encamina hacia un amanecer eterno, algunas de las llaves por asi decirlo podría ser la confianza, la entrega, paciencia, perseverancia, no se necesita más, El lo hace todo, aún en medio de aguas inciertas, El nos encuentra, el encuentro se da en el silencio, El nos asegura el mejor de los alimentos, el único que verdaderamente necesitamos, nos espera y nos deja inmersos en el fuego mismo del Espíritu santo.

Desde el amor infinito de Jesús y María

Alicia Vinent

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