meditacion-cristiana-34

´Llegará el día en que el sonido del mantra se deje de escuchar y nos vemos envuletos en el eterno silencio de Dios.´

Elijo esta frase como medio de reflexión a qué pasa si no pasa lo que esperamos. Queremos vivir la experiencia del éxtasis, del silencio total, de la no-distracción. Tratamos con lealtad de meditar todos los días, pero “no logramos” tener LA experiencia. Esto mismo también lo podemos traducir a otras áreas de nuestra vida – por ejemplo al Amor de alguien. Queremos que pase, pero no pasa.

Nos quedamos fríos, insatisfechos, inseguros, desamparados, perdidos porque lo que queremos que pase no acaba de pasar. Hacemos todo lo que está en nuestras manos para lograr que algo pase – y simplemente no se da. Meditamos lealmente y nos distraemos, nos quedamos dormidos, se nos olvida. O queremos mucho a alguien y no nos responde.

Estamos envueltos en el Amor siempre – no importa que no pase lo que queremos que pase – porque ya está pasando, ya es un hecho. Lo que falta es abrirnos para ver que ya estamos en ello. Pasa muchas veces que nos atoramos en las emociones, en el querer que el otro sienta lo que yo siento y como no ocurre así, nos decepcionamos. Queremos que la experiencia de meditar nos traiga sensaciones. Nos cuesta entender el “al meditar no pasa nada; eso es Todo”.

Tenemos que cambiar nuestra perspectiva a “la nada”, tenemos que aceptar la pobreza de la meditación y también que la riqueza del Amor se da en su pobreza.

Entender esta pobreza se da en la forma que se dio el nacimiento de Jesús – el pesebre es nuestra guía de oración, de vida, de Amor. Oramos y amamos sin expectativas, aceptando incluso, con alegría, el que no pase lo que quiero que pase.

Lucía

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