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Nuestro verdadero ser yace sereno y pleno de vida eterna, en las profundidades a las cuales vamos acercándonos cuando meditamos. Quienes verdaderamente somos vive en Dios y en unión con todo. El llamado es a atravesar aquello que nos impide avanzar, para llegar al fondo. Ahí está lo que es real. El resto, lo superficial, las máscaras y ropajes que usamos para movernos en el mundo, la personalidad, son ilusiones que se van descascarando inevitablemente. Encontrarnos a nosotros mismos es recobrar la verdadera vida, el amor y la paz en Dios, el gozo de saber que somos amados por Él, hechos a imagen y semejanza suya. La meditación es el camino que yo he descubierto, tan simple y humilde que permite acercarnos a quienes somos, mientras repetimos nuestra plegaria en silencio y quietud.

Blanca Valloni

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