meditacion-cristiana-49

Mi experiencia de meditar, le diría a un amigo, es el resultado de mi insatisfacción profunda con las formas de oración que se emplean en la Iglesia Católica. Ellas no me llevaron a profundizar mi relación con Dios. Por medio de las lecturas y de la práctica constante de la oración contemplativa, aprendí cómo actúan la mente y el ego en nuestro interior, sin que nos percatemos de ello, para distraernos e impedirnos vivir el momento presente, el único que nos asegura nuestro firme anclaje en el mundo real. Y, a partir de ese firme sustento, la búsqueda del silencio interior y la repetición del nombre de Jesús, como una actividad diaria y regular, me permitieron estar cada día más firmemente unida a Él.

Alicia Gundín

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