botellones

Creo que los signos de esperanza se vienen dando ya desde hace muchos años como resultado de que la iglesia católica no era la respuesta para muchas personas. Desde los años 70 se generó un movimiento de búsqueda de ese algo más en diferentes religiones y otras formas “novedosas” de ver la espiritualidad. Este movimiento se le llamó “nueva era”.

Este movimiento no está bien visto por la iglesia católica y creo que se debe a que no se ha sabido definir. En la “nueva era” entran muchas cosas, desde el bienestar físico, el ejercicio, la alimentación, el estudio de las gemas, la decoración, los estudios de espiritualidad de los pueblos originarios (por ejemplo, antes de la llegada del catolicismo a América), la filosofía y la meditación. El yoga cayó en esta clasificación y los primeros indicios de meditación se dieron popularmente con la asociación Meditación Trascendental. Surgieron grupos como La Gran Fraternindad Universal. Algunos de estos grupos mostraban una tendencia fuerte de comercialización. También los meditadores tenían que adquirir (comprar) mantras especiales e ir “subiendo escalas de espiritualidad´ $.

Aunque esto llamó la atención, creó un foco de alerta en la iglesia católica justo por esas razones. Sin embargo, desgraciadamente, la meditación quedó atrapada en la clasificación de “nueva era”. Este movimiento quedó demonizado al igual que la meditación. En algunos círculos cristianos se dice que la meditación es “poner la mente en blanco” (cosa que es imposible) y que si eso hacemos, entrará el demonio.

También se dice que la meditación, vista como parte de la “nueva era” está enfocada solamente en el “yo”. Que es un movimiento narcisista.

Me parece que fue genial que el Padre John Main, por esos años, descubriera y difundiera la Oración Contemplativa y la llamara “Meditación Cristiana”. Esto produjo que muchas personas que se habían ido de la Iglesia regresaran y quedaran sorprendidas de que la meditación existía en el contexto del cristianismo.

La iglesia ha empezado a abrir su criterio para entender que la meditación cristiana no es una revolución narcisista, que meditar no es centrarnos en el “yo”; que la meditación cristiana está centrada en Cristo a quien descubrimos en nuestro corazón a través de un camino de silencio. Para hacer ese silencio nos valemos de una palabra sagrada o mantra que repetimos en silencio.

La palabra mantra también cayó atrapada en la clasificación negativa de “nueva era”. Esta palabra es sinónimo de “palabra sagrada” o “jaculatoria” que consiste en repetir oraciones o frases cortas. En el contexto católico la repetición de oraciones es muy común durante la Misa (Kyrie Eleison), con las letanías, práctica del Rosario, etc.

Hay algunos sacerdotes, párrocos o religiosos que ahora son líderes y acompañan a sus feligreses en la práctica de la meditación cristiana, pero son la excepción.

En las redes sociales y periódicos virtuales he encontrado críticas muy fuertes al trabajo de los místicos modernos como John Main,Thomas Merton, Thomas Keaton, Anthony de Mello, Pablo d´Ors, etc.

Asimismo, en su época, Santa Teresa, San Franciso, San Juan de la Cruz también fueron criticados y reprendidos por su trabajo.

Por otra parte, también se ha mal interpretado la palabra misticismo al querer tener o conseguir “experiencias místicas mágicas” al meditar. Estas consisten en tener visiones proféticas, hacer milagros, predecir el futuro.

Aunque existe este fuerte movimiento en contra de la nueva era y lo que se le atribuyó (meditación, yoga, mantras, etc), la gran esperanza es que la gente sigue buscando y encontrando que la oración contemplativa, a través de la meditación cristiana (con la práctica diaria y la repetición del mantra) nos lleva a descubrir la presencia de Dios en nuestro corazón.

En los últimos años también se ha desarrollado un movimiento social en favor de la meditación fuera del contexto de las religiones – como un movimiento ecuménico abierto a todos que se da en el contexto empresarial y escolar, por ejemplo. La meditación, en cualquiera de sus formas, nos lleva a entrar contacto con nuestra espiritualidad y ese despertar nos lleva, invariablemente, al encuentro con Dios.

Un movimiento narcisista sería usar la meditación como auto-sugestión y utilizar los mantras para fomentar esa auto-sugestión. Por ejemplo: “quiero ser rica”, “quiero tener x trabajo”, “quiero a x persona”. De hecho, muchas veces en la oración de petición se hace eso, pedir insistentemente por nosotros utilizando estas jaculatorias narcisistas de auto-sugestión disfrazadas de oraciones formales. En México, por ejemplo, se acostumbra una novena a San Antonio para conseguir cónyuge y hay que poner su imagen de cabeza para que funcione.

Han pasado 34 años desde que conocí a Father John y que empecé a meditar y todavía me encuentro con grandes trabas acá donde vivo por parte de la iglesia católica. Cuando ofrecí mis servicios al párroco para formar un grupo, me pidió documentación que tendría que ser sometida al obispo. Cuando entregué los documentos, estos se perdieron en el espacio. Era extraño tener que pedir permiso para orar en una parroquia! Estas acciones de rechazo no me han cortado las alas para seguir difundiendo esta hermosa práctica.

Llego a la conclusión de que la meditación cristiana es el ´pequeño camino´ al que se refería Santa Teresita; es el eslabón perdido (y encontrado) de la Iglesia; es el camino angosto al que se refiere Jesús. Entramos en este camino como resultado de un llamado interior, la voz tenue y suave de Jesús que nos invita. Es un camino de humildad – no entramos por los pasillos de las catedrales con tambores y timbales haciéndonos notar.

La práctica leal de la meditación nos lleva a descubrir que es Jesús en nuestro corazón y por lo tanto no hay rangos de meditadores expertos. Somos amigos que simplemente compartimos la experiencia y todos somos siempre principiantes (cito a John Main); todos nos distraemos y olvidamos, pero siempre regresamos.

No tratamos de convencer a la gente torciéndoles el brazo o prometiéndoles cosas con soluciones milagrosas o amenazando con el castigo divino si no meditan.

Los signos de esperanza que veo son pequeños, son discretos, no llevan reconocimientos ni sellos oficiales. Creo que si llevaran dichos sellos oficiales, perdería su encanto.

Es un camino sencillo que se da en nuestra humanidad – con tropezones, distracciones y olvidos – regresamos cada vez con más conciencia y fidelidad. Es un camino de Amor en el Amor de Jesús.

Lucía Gayón

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