Solamente hay una Realidad – la Realidad Divina. Somos de El para siempre y El nos regala la condición humana para poder así descubrir la Realidad Divina. Estamos insertados en la Eternidad – donde no hay un antes o un después – ya que Dios es a-temporal.

A través de la meditación cristiana, de la oración, vamos serenándonos para ir moviéndonos del ver al contemplar con más claridad la Realidad Divina que se manifiesta a través de toda la creación, del mundo material y a través de cada persona que nos acompaña. Cada amanecer, cada momento, cada persona es parte integral de la Realidad Divina. Por la Gracia de Dios nos vamos abriendo para ver la integración, el cosmograma perfecto de Dios.

Nuestros tropiezos y gozos están delineados en la Realidad Divina – tienen una “utilidad” para justamente despertarnos e integrarnos.

La Realidad Divina se podría describir como el aire que respiramos – está ahi siempre. Es como la fuerza de gravedad de la tierra que nos ubica sólidamente en una plataforma de la cuál ni cuenta nos damos. Somos parte de las estaciones del año, del inimaginable macro-cosmos. Estamos también en lo invisible  – tenemos más de 5 sentidos para captar nuestro origen y destino. Somos de Dios!

Lucía Gayón

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