Soledad creativa, positiva y apasionada

La palabra soledad tiene dos traducciones al inglés: “Loneliness” que significa estar solo, sin compañía con sentimientos depresivos de abandono. La otra palabra es “Solitude”, que significa algo así como privado, retirado, viviendo solo.

Etimología de soledad: ” Del latín solĭtas, la soledad es la carencia de compañía. Dicha carencia puede ser voluntaria (cuando la persona decide estar sola) o involuntaria (cuando el sujeto se encuentra solo por distintas circunstancias de la vida).”

Tenemos la opción entonces de experimentar la soledad voluntaria y positiva o la soledad involuntaria negativa. Si estamos en una situación involuntaria de soledad, tenemos también la opción de cambiar a la visión positiva de la soledad.

¿Por qué vemos la soledad de forma negativa? Creo que puede ser por tradición y cultura. Se habla de quien no se casó, como que se quedó “solo” o “solterón”. La connotación para la mujer es de “solterona”, quedada, dejada, abandonada. Si se casa, fiuuuu, de la que se salva!  Para el hombre es más positiva, se ve que “fue listo”. Otra es el estado de viudez o de divorcio – “se quedó solo”. En nuestra cultura, “quedarse solo” es un signo de que algo mal pasa en esa persona y por lo tanto hay que cuidarse de ella. Entonces hay una razón de entender la soledad de forma negativa.

Requiere una gran valentía y además un proceso profundo de discernimiento el ir más allá de las etiquetas o significados populares de la soledad.

Nacemos y morimos solos y recorremos la vida no siempre con compañía – nos hacemos cargo de nuestras decisiones y de sus consecuencias.

Cuando descubrimos que Dios es el Centro de toda la vida y de nuestra vida, ocurre un cambio de perspectiva a todo lo que hacemos, pensamos y somos. Es a partir de esta perspectiva que el significado de la soledad cambia.

La meditación es la herramienta por excelencia que nos permite, por la Gracia de Dios, desarrollar nuestro reconocimiento al proceso de soledad positivo.

Cuando descubrimos a Dios como nuestro Centro nuestra visión negativa de la soledad se transforma y se hace incluyente. Dejamos de sentirnos abandonados y como consecuencia, entramos a esa fase creativa de la soledad incluyente – donde tú y yo nos reconocemos en Dios que es nuestro Centro – ya no “mi Centro”, sino el tuyo y el mío.

Entramos a la soledad positiva, creativa y apasionada – descubrimos que nuestros sentidos físicos tienen el poder de ver más allá de lo visible; saborear lo que habita en nuestra memoria; escuchar el  sonido del Silencio; respirar como herramienta de la inspiración; y tocar el alma del otro.

 

Lucía Gayón

 

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