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La meditación es considerada como la oración de la fe

La meditación es considerada como la oración de la fe. En ella buscamos renunciar a nosotros mismos y abrirnos a la poderosa presencia personal de Cristo en nuestro corazón. La palabra que decimos, nuestro mantra, es como un sacramento, el símbolo externo de nuestra fe en su presencia.”

La meditación se trata de fe, y fe es confianza radical. La repetición del mantra no es una técnica, las técnicas producen resultados. La repetición del mantra es un camino, un paisaje cambiante. Así el mantra es como el arrullo suave del agua que permite centrarnos en el ritmo de todas las cosas, en la música de la creación, en la siempre amorosa presencia de Dios.

Habrá a quien le parezca un ejercicio mecánico, una actitud cómoda o hasta inútil, una verdadera pérdida de tiempo en que no se ven resultados. Pues, ¡qué bueno!, porque la fe auténtica no anda en busca de resultados, sino de la comunión en la plenitud del amor.
“Vivimos por fe, no por vista.” 2 Corintios 5.7

Andrés Omar Ayala
Filadelfia – Paraguay

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"Porque todo el que se enaltece..."

“Porque todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.” Lucas 14.11

No es raro que las personas inicien la práctica de la meditación buscando conseguir alguna cosa; relajación, paz interior, parecer más “espiritual”, o incluso el interés de conseguir un supuesto desinterés. Quitando raras excepciones, todos comenzamos así.

La quietud es una especie de “trampa” del amor divino. El sólo hecho de sentarnos en silencio, en la Presencia, sin más a hacer que estar presente, va moldeando el corazón y descubriendo que no depende de nosotros, de lo que buscamos o creemos buscar, sino de Dios que se nos da por completo en puro Amor.

En esa relación de enamoramiento creciente con Dios, en el cielo silencioso de su amorosa presencia, nuestros deseos iniciales van apagándose para dar paso al deseo de Dios en nosotros: el encuentro. Y ese puro amor ya no quiere apartarse, esa es la lealtad divina.

“[…] y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2.20

Andrés Omar Ayala
Filadelfia – Paraguay

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