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Bendita seas y bienvenida amiga, amigo, buscador de la Palabra y de la Luz, en este día del tiempo. Donde sea que te encuentres, te invito a sentir su cercanía, y la nuestra.

Bienvenida seas a la multitud visible e invisible que se reúne hoy a través de todos los tiempos y espacios, acudiendo a celebrar que la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, en nosotros, del vientre generoso de una de nosotras que lo acogió primero en el silencio de su corazón, como haces tú que meditas.
Cada corazón un pesebre, cada vientre una cueva de Belén, cada vida un peregrinar lento y seguro hacia la única Fuente de Luz, hacia la única Estrella, nuestro Oriente, nuestro Norte, nuestro Sur, nuestro Poniente y centro de nuestras vidas, Cristo.

Con su llegada incesante a nuestra carne nos llega la salvación, el sentido, la verdad y la vida, llega pan para el camino y salud para todo el ser.
Y llega a mi carne, y a la tuya, aquí y ahora… cada humano encienda en sí una antorcha viva que se propague y redima todo.

Jn 1, 1-5. 9-14
1 Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
2 Al principio estaba junto a Dios.
3 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
4 En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
5 La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.
9 La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
10 Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
11 Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
12 Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
13 Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.

Presbítera Christina Moreira
España

Amor se sabe por ese sabor que te indica que has traspasado una puerta a otro territorio, que el mundo alrededor es otro mundo, ya vivo y palpitante, donde ya lo amado forma parte de mí porque esa puerta se ha abierto en mí y yo no soy yo. Y no sirve lo de afuera, lo de antes, y tampoco sirve aferrarse… y sí saber que siempre estará ahí, aún cuando deje de llegarte el aroma. Creerlo lo hará volver, solo con llamarlo, porque Amor nunca anda lejos, nunca se pierde.

Christina Moreira Vázquez