La trascendencia es más que nosotros; es el movimiento del Espíritu de Jesús que nos cubre y que nos habita – nos lleva al encuentro de nosotros mismos a la luz de Jesús – nos permite ir descubriéndonos en una realidad integrada, integrados en El.

El camino es muy sencillo – simplemente repetimos nuestra palabra sagrada – aún con tropezones, olvidos y distracciones pero siempre regresando a la fuente.

El desafío es tener la experiencia, no que nos la platiquen – es comprobarlo por nosotros mismos. Y esto nos da la confianza de lo verdadero, porque lo vivimos en plenitud.

La trascendencia se da en los pequeños detalles de cada día – en la forma que vemos el cosmos, en la forma que integramos el regalo de la naturaleza, en la forma que recibimos lo inesperado, en la forma que nos abrimos al encuentro con el otro. En la forma que percibimos los detalles de la vida diaria integrados en el Presente.

Lucía Gayón

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