meditacion-cristiana-31

“Hay un verdadero sentido en el cual no es ni siquiera apropiado, para la naturaleza trascendente del misterio, hablar de experimentarlo…”

El camino de la fe y la pedagogía de Dios con cada uno, nos exige un principio de entrega, abandono y confianza en Su Bondad y Misericordia. Es por ello que en cada meditación como niños hemos de gozarnos en la expectativa del encuentro íntimo en lo profundo de nuestro ser con esa Palabra que nos convoca y que en su resonancia llena de significado nuestra existencia y nuestra relación personal con Cristo. Si como nos dice Santa Teresa de Jesús: la oración es un trato de amistad con quien sabemos nos ama estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama (Vida 8,5), hemos de poner en ese tratarse con Dios, toda la confianza y espera que se pone en el desarrollo de cualquier amistad humana, en la que es el tiempo y la constancia en el cultivo de esa amistad la que va trayendo los frutos sazonados y jugosos de la verdadera amistad: empatía que acá me parece es solidaridad, participación del ser mismo de Dios en nosotros, conocimiento propio y del Amigo, paz, alegría, mirada trascendente y confiable del entorno histórico y social. En consecuencia experimentar el misterio de Cristo va más allá de los apremios meramente especulativos y/o sensacionalistas con las que la cultura del consumo convoca y capta adeptos, con los que se ha ofuscado nuestra conciencia.

Deira Luz Camacho

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