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Tener una vida en orden incluye el adentro y el afuera – el balance de nuestra vida espiritual con todas las dimensiones que nos forman: La corporal, la emocional, la intelectual, la intuitiva y la creativa. Estas dimensiones se integran y se intercalan entre si.

Una vida en orden  incluye nuestra vida externa, el entorno físico, el ambiente, el trabajo, el estudio y las personas que nos rodean – a quienes hemos invitado a ser parte de nuestra vida.

Pudiera ocurrir que a veces alguien de nuestra vida ya no esté en sincronía con nosotros – o vice-versa. O pudiera ser que nuestro entorno físico no nos inspire a ese orden y armonía. ¿Qué hacer?

Tenemos que limpiar la casa, ponerla en orden, crear armonía. Y esto pudiera significar renunciar a cosas, personas, actividades que nos impiden llegar a esa armonía. A veces nuestra vida está compuesta por fidelidades negativas, hábitos destructivos. Esto puede ocurrir también cuando alguien de nuestra vida realmente ya no nos acompaña más, o cuando alguien nos juzga o nos trata mal. Otra es cuando algo se queda congelado en el tiempo.  Es tiempo de darle la vuelta a la hoja buscando una re-integración o dejando ir.

Reconocer lo que produce falta de armonía es un primer paso para tener una vida en orden. A veces ese reconocimiento nos cuesta y produce dolor. Lo que llamamos amistad, cariño o amor hacia otra persona, realmente lo es? Para que sea, ¿existe una situación dinámica de reciprocidad, de comprensión, de compañía, de afecto?

Dejar ir algo o alguien – nuestros apegos (a veces es necesario hacer un corte drástico, cuando la situación se torna dañina). Podemos ver que algo a alguien estuvo en nuestra vida por un periodo solamente y que se llegó el tiempo en que cada uno toma su propio camino. Si esto ocurre, guardemos esta experiencia en nuestro corazón con agradecimiento y sigamos adelante.

Un ejercicio de limpiar la casa, es limpiar la casa. Por ejemplo, mirando reflexivamente si todo lo que vemos ahí es realmente necesario o importante para nuestra armonía. Lo mismo con nuestro trabajo- está permitiéndome realizar los talentos que Dios me dio? Si este no es el caso, es necesario cambiar, es necesario darle orden a nuestra vida laboral.

Descubrir aquello que causa desorden podría sorprendernos, pero también puede darnos una nueva energía para que nuestra vida se vaya ordenando y que sea consistente con nuestra vida espiritual – que haya una verdadera integración y congruencia entre lo que hacemos, pensamos, deseamos, oramos – y así  permitirnos reflejar el Amor de Dios que ya es en nuestro corazón.

Lucía Gayón

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