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Comunidad cristiana II – John Main, OSB

by | Jun 20, 2021 | Meditacion Cristiana

Comunidad cristiana II – John Main, OSB

Del mismo modo en que podemos crear un Dios a nuestra medida e imponerle nuestra identidad, también podemos hacerlo con los demás. De hecho, si se lo hacemos a Dios, inevitablemente se lo hacemos a los demás, y así forzosamente se lo hacemos a Dios. Se trata del reverso del dicho de san Juan: «Si alguno dice: ‘Yo amo a Dios’, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandato: que el que ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Jn 4, 19-21). Dejemos claro lo que afirma san Juan: no podemos amar a Dios o a nuestro prójimo. Amamos a los dos o a ninguno. Y el amor conlleva alegrarse en la alteridad del otro, porque cuanto más intensa sea esa percepción, más profunda es nuestra comunión con los demás. En dicha comunión, el descubrimiento de nuestra propia identidad y la de los demás constituye un único hallazgo. Por ello, en la gente con la que convivimos no encontramos objetos que modelar a nuestra propia imagen superficial, sino que, por el contrario, en ellos hallamos nuestra verdadera identidad, la cual sólo aparece, sólo se realiza, cuando nos volcamos por completo hacia el otro.

En la meditación desarrollamos nuestra capacidad de volver todo nuestro ser hacia el Otro. Aprendemos a permitir que el prójimo sea él mismo, de la misma manera que aprendemos a dejar que Dios sea él. No somos instruidos para manipular a los demás, sino para respetarlos, para aceptar su importancia, la maravilla de su ser; en otras palabras, aprendemos a amar a nuestro prójimo. A causa de ello, la oración es la gran escuela de comunidad. A través de la seriedad de la oración y mediante nuestra perseverancia en ella, percibimos la verdadera gloria de la comunidad cristiana como una fraternidad de ungidos, que viven juntos mostrándose un profundo y cariñoso respeto mutuo.

La comunidad cristiana, en esencia, consiste en la experiencia de ser respetado por otros, a la vez que nosotros hacemos lo propio con ellos. Esta reverencia por los demás revela que los miembros de la comunidad son sensibles y están en sintonía mutua en la onda del Espíritu, ese Espíritu que nos ha llamado a la plenitud del amor. En los demás reconozco al mismo Espíritu que habita en mi corazón, el cual constituye mi verdadera identidad. Al reconocer a la otra persona, un reconocimiento que reconstituye mi mente y expande mi percepción, el otro llega a ser tal como es, en su verdadera identidad, y no como una extensión manipulada mía. La gente actúa de acuerdo con su propia realidad integral y no según una imagen creada por mi imaginación. Aun cuando nuestras ideas o principios chocan , nos mantenemos unidos, en un equilibrio dinámico , en virtud del reconocimiento mutuo de la infinita amabilidad del otro, de su importancia y de su fundamental realidad particular.

Así, la dinámica de apoyo y sufrimiento mutuo del cuerpo místico de Cristo tiene este objetivo creativo: el descubrimiento del ser esencial del otro. La verdadera comunidad se da en el proceso por el que uno lleva al otro a la luz del ser verdadero. En tal proceso compartimos una experiencia cada vez más profunda de la alegría de vivir, del gozo de Ser, en la medida en que paso a paso descubrimos su plenitud participando junto a los demás de una fe amorosa. La naturaleza de la comunidad consiste, por tanto, en el radical reconocimiento y respeto del otro. Nuestra meditación participa de esa esencia porque nos conduce a volcarnos por completo hacia el Otro, que es el Espíritu que reside en nuestro corazón. La plena revelación de la alteridad y nuestra comunión con todos se logra a través de un silencio reverencial. Nuestra atención a los demás resulta tan completa que no decimos nada, sino que esperamos que hable el otro. El mantra nos guía hacia una conciencia cada vez más profunda del silencio que reina en nuestro interior, y luego nos sustenta mientras esperamos.

John Main, OSB
Del libro: Una Palabra hecha Silencio
Ediciones Sígueme de Salamanca
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

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