De la unión a la comunión

De la unión a la comunión – John Main, OSB

En nuestra Comunidad estamos tratando de difundir la tradición de la meditación Cristiana. Estamos convencidos en nuestra Comunidad que todas las riquezas del Nuevo Testamento, todas las riquezas que Cristo vino a proclamar, están disponibles para cada uno de nosotros si solamente nos permitimos experimentarlas. Mira con simplicidad y claridad al Nuevo Testamento y podrás ver que el mensaje central del Evangelio es la proclamación de la plenitud de vida, la plenitud del ser. Y esa plenitud de vida es el poder experimentarla dentro de nuestro ser. Esta convicción del Nuevo Testamento surge de la experiencia de algunos hombres que ya hicieron esta proclamación de que todos estamos invitados a vivir nuestra vida por el poder de Dios, por el poder del Amor. ´Entrar al Reino de Dios´ es simplemente vivir nuestra vida a partir de este poder y permitir que esta sea transformada por ello.

Lo que queremos compartir, en la tradición monástica de la oración, es que este poder se descubre en cada uno de nosotros cuando nos comprometemos a tener una vida profunda y nos comprometemos con toda seriedad. En el lenguaje del Nuevo Testamento se describe que el compromiso debe estar basado y fundado en Cristo. En un lenguaje moderno podríamos explicar este concepto como la aceptación total por cada uno de nosotros al reto de ser. El Nuevo Testamento también utiliza la palabra ´madurez´. Así es como estamos llamados a este reto. La aceptación adulta de estos retos y responsabilidades de la vida nos llevan a la ´plenitud de vida´. Lo que es abundantemente claro en el Nuevo Testamento es el llamado a todos los cristianos al ´crecimiento´, a la ´profundidad´ y de la misma forma tan clara, es que el crecimiento y la profundidad ocurre en Cristo. Es aquí que entramos al misterio cristiano. ´Ser Cristianos´ significa ser uno con Cristo. En otras palabras, ser Cristiano significa vivir tu vida a partir de los recursos de tu unión con Cristo. Y de esto, justamente, se trata la oración.

Esta unión, desde luego, clarifica nuestra percepción. Debemos tener la idea clara de lo que se trata, si no, caemos en el peligro de no comprender el punto principal del cristianismo. El llamado de Jesús es de unión con Él, para que con Él podamos llegar al Padre. Por lo que debemos tratar de recordar y estar alertas es que la esencia de la oración cristiana no es el diálogo, sino la unión. Creo que esto lo sabemos en el fondo de nuestro corazón. Sabemos por experiencia propia que si consideramos la oración como un diálogo, ´un diálogo con Dios´ esto fácilmente se convierte en un monólogo.

La tradición que seguimos los monjes Benedictinos nos llama a comprender y a experimentar nuestra oración como una comunión en silencio en nuestro propio corazón. La unión nos conduce a la comunión, que es al ser – descubierto dentro de nosotros mismos – que nos lleva a ser uno con Dios, y con todo. Es una comunión indescriptiblemente enriquecedora, porque nos saca de nosotros mismos, fuera de nosotros, en unidad con el Todo, en unidad con Dios. Unidad, unión, comunión es el triángulo del crecimiento de un cristiano.

John Main, OSB
Del libro: Momento de Cristo
Traducido por Lucía Gayón
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

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