El Amor es la fuerza creativa del universo

El Amor es la fuerza creativa del universo – John Main, OSB

La visión de lo no-visto y la confianza que surge al ser absorbidos en lo inmortal es de lo que trata la meditación. Sabemos con total convicción que cuando morimos a nosotros mismos, estamos parados en lo eterno. Esto nos permite saber que nuestro ser puede pasar a través de etapa en etapa de la vida, a través de muchas muertes, pero no podemos escaparnos de ser. Dios nunca nos quita el regalo que nos ha dado y al habernos dado nuestro ser que es inmortal. Esta es la preparación esencial que necesitamos experimentar para enfrentar nuestra muerte sin miedo, sin excusas falsas, con la mente y el corazón abiertos.

A través de los años que hemos estado enseñando la meditación en esta tradición hemos conocido a gente que comenzó a meditar justo cuando ya se enfrentaban a la muerte y podían ver de que se acercaban al horizonte de su vida. Su actitud ante la muerte se fue transformando al prepararse a morir a sí mismos día a día, como preparación a la muerte del cuerpo. Ha sido inspirador y una revelación para nosotros ver el crecimiento de su fe y esperanza a medida que iban aprendiendo a meditar, aún en la etapa final de su vida. Similarmente, ha sido inspirador ver como ese cambio profundo trabajaba en ellos y en su actitud hacia la muerte y cómo esta influía en sus familias y amigos, que también recorrían el camino, en parte, con ellos.

San Benito tiene un capítulo en la Regla para monjes que se llama “Herramientas de Buenos Trabajos” que es una lista de las actitudes básicas que los monjes deben de desarrollar en su vida de caridad y de disciplina para prepararse a lo que San Benito llama la “luz de la divinización” en el Reino de los Cielos. Una de estas herramientas o actitudes es mantener siempre la muerte a nuestra vista. Hay, creo yo, una extraordinaria sabiduría en esa frase. Al solo tener presente, a la vista, la muerte podemos realmente aprender a ser como niños en nuestra relación al último significado de la vida. Aprender a decir el mantra en nuestro compromiso diario de la meditación es la entrada a ser como niños. Es esta pequeña palabra lo que nos arraigará a la base eterna de nuestro ser y que nos enseñará que la muerte es un acto de trascendencia.

Repetir el mantra es aprender a morir y aprender a aceptar el regalo eterno de nuestro ser – ambos en un mismo acto. Es aprender que toda muerte es una muerte a nuestras limitaciones y que si podemos morir a nosotros mismos resucitaremos a la libertad infinita del Amor: porque el Amor es la energía creativa del universo y también el centro creativo de nuestro ser. Para encontrar ese centro debemos ir más allá de nuestro auto-centralismo, debemos morir a todo lo que pasa. Al recorrer este camino y compartirlo con otros entramos a la verdad de que la realidad no es un logro final, pero una experiencia dinámica de pasar del ser al otro. Solo cuando hemos renunciado a nuestra vida, podemos encontrarla.

John Main, OSB
Del libro: La Muerte, Camino de Interioridad
Obra original en inglés publicada por The Benedictine Priory of Montreal
1475 Pine Avenue West, Montreal, H3G 1B3, Canada
ISBN 0-919815-04-9 1
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

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