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El mantra se extiende – John Main, OSB

by | Feb 27, 2021 | Meditacion Cristiana

El mantra se extiende

El mantra se extiende – John Main, OSB

De la misma manera que la Eucaristía es una conmemoración y una presencia, también el mantra se extiende por distintos niveles de conciencia y dimensiones temporales. En cierto sentido, se trata de una respuesta en la que resuenan los gritos de amor del Espíritu, toda la vida de Jesús que regresa al Padre, una respuesta que no se produce a nivel alguno de razonamiento conceptual, sino que tiene una naturaleza absoluta e incondicional. En la medida en que nos percatamos de ello, resulta ser una respuesta que damos en lo más profundo de nuestro ser, donde reconocemos y experimentamos nuestra total pobreza y dependencia del amor de Dios que nos sustenta. Nuestra respuesta obtiene así valor absoluto y llega al nivel fundamental de nuestra existencia, cuando recitamos el mantra con total sencillez y -en los momentos en que meditamos perseveramos en la renuncia a cualquier pensamiento, imaginación y autoconciencia. En la medida en que el mantra se enraíza e integra más profundamente en nuestra conciencia, todo nuestro ser participa de la respuesta al Espíritu. Su objetivo es que la integración de todos los niveles de nuestro ser con su fuente, la cual reclama a la persona volver a sus orígenes, se desarrolle mediante el Espíritu de Jesús.

La meta es la realización de nuestro ser completo, y para ello somos empujados a trascender toda facultad y potencia para descubrir el fundamento de nuestro ser en el que consiste nuestra unidad sustancial, la esencia de nuestra naturaleza personal. No hay dudas respecto a la absoluta exigencia del mantra. En esencia, supone que aceptemos la totalidad del amor de Dios que inunda nuestro corazón por medio del Espíritu de Jesús resucitado. Nuestra muerte consiste en la implacable sencillez del mantra y la renuncia total al pensamiento y al lenguaje durante nuestra meditación.

No se trata de una doctrina o un método esotérico. El mantra ha estado en la tradición cristiana de la oración desde el comienzo, y la idea de que la oración trasciende las operaciones de la mente se encuentra en cualquier declaración que posea cierta autoridad. San Buenaventura escribió que «en este tránsito, si es perfecto, es necesario que se dejen todas las operaciones intelectuales y que el ápice del afecto se traslade todo a Dios y todo se transforme en Dios» (Itinerario del alma a Dios, VII, 4). Bernard Lonergan ha distinguido entre lo que es consciente y lo que es conocido. Por «consciente» se refería a la experiencia en sí; por «conocido», a nuestra comprensión y valoración de la experiencia (2) Ahora bien, al igual que los Ejercicios espirituales de san Ignacio exigen una clara distinción entre la oración y la revisión (3) , también esta diferencia de Lonergan indica cómo hemos de establecer nuestras prioridades. Por supuesto, el misterio cristiano incluye tanto la experiencia como nuestra comprensión de ella. Jesús es el ser humano íntegro que nos llama a la plenitud, pero a menos que aceptemos la distinción entre lo consciente y lo conocido, entre la oración y la revisión, no admitiremos nuestra creatureidad esencial. Por ello, seguimos atados por los límites de esa creatureidad; no nos hemos trascendido.

Una vez más, no basta con asentir intelectualmente. Debe ser una verdad de nuestro ser captado por la totalidad de nuestra existencia. El mantra ofrece la posibilidad de dicha integración. Nos prepara para ser un sacrificio vivo al Señor. Nos conduce con toda sencillez a la experiencia cristiana fundamental de la oración del Espíritu en nuestro corazón. El resultado de esa vivencia son los frutos del Espíritu, y quizás lo primero que descubrimos que nos abre el camino hacia todos los dones del Espíritu es nuestra amabilidad personal e infinita. No podemos manipular o precipitar la experiencia; solamente podemos aprender a serenamos, a estar en silencio y a aguardar con una percepción cada vez mayor de nuestra armonía. Tampoco podemos forjar los dones del Espíritu en el seno de un gozo prefabricado, en el seno del dogmatismo en vez del de la autoridad, o de la uniformidad en vez del de la libertad. Ésas son meras imitaciones de las verdaderas cualidades cristianas y contradicen el evangelio mismo que pretenden proclamar.

Las auténticas cualidades cristianas, los frutos del Espíritu, brotan y se nos dan merced a la experiencia del Espíritu de Jesús, que inunda nuestro corazón con el amor personal de Dios y nos llama a ser plenamente personas en nuestro encuentro subjetivo con Jesús: «Por sus frutos los conoceréis». La renovación y el enriquecimiento de la Iglesia, así como el que vuelva a ser una voz con autoridad para la vida humana, depende de que sus miembros experimenten esto en lo más hondo de sus corazones. Cada miembro de la Iglesia está llamado a realizar este descubrimiento como algo personal. Cada uno de nosotros lo recibirá conforme a su propia personalidad, dentro del plan del misterioso amor de Dios, para que lleguemos a plenitud.

No deseo que se saque la conclusión de que la meditación es el único camino: es el único camino que yo he encontrado. En mi vivencia personal, es el camino de la sencillez pura el que nos permite descubrir de forma integral el Espíritu que Jesús ha derramado en nuestro corazón; y ésta es la experiencia registrada por la corriente principal de la tradición cristiana desde la era apostólica hasta nuestros días.

2. B. Lonergan, Insight: ensayo sobre la comprensión humana, Salamanca 2004.
3. B. O’Leary, Repetition and Review: The Way, Supo 27, 48

John Main, OSB
Del libro: Una Palabra hecha Silencio
Ediciones Sígueme de Salamanca
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

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