El secreto es éste: Cristo está en ti

«El secreto es éste: Cristo está en ti» – John Main, OSB

Hoy día no existe una necesidad mayor en la Iglesia y en el mundo que la de comprender de una manera renovada que la llamada a la oración, a una oración profunda, es universal. La unidad entre los cristianos, así como a largo plazo la unidad entre distintas razas y credos, dependen de que logremos descubrir en el interior de nuestros corazones el principio de unidad como experiencia personal. Si hemos de darnos cuenta de que, de hecho, Cristo es la paz entre nosotros, debemos descubrir que «Cristo es todo y está en todas las cosas»; y nosotros en Él.

La autoridad con que la Iglesia comunica esta experiencia será el grado al que nosotros, la comunidad de los creyentes y el cuerpo de Cristo, hayamos llegado personalmente. Nuestra autoridad ha de ser humilde, es decir, ha de estar arraigada en una experiencia que nos trasciende y nos lleva a la plenitud.

Nuestra autoridad como discípulos radica en la cercanía al Autor, la cual se halla muy lejos del autoritarismo o de ese complejo de miedo y culpa por el que un ser humano emplea la fuerza contra otro. Con su oración, los cristianos renuncian a su propia fuerza, renuncian a sí mismos. Al hacerlo, ponen toda su fe en la fuerza de Cristo como la única que aumenta la unidad entre todos los seres humanos, porque es la fuerza del Amor, la fuerza de la unión en sí. En la medida en que los hombres y mujeres de oración abren su corazón a esta fuerza, incrementan la posibilidad de que todo el mundo encuentre la paz que se halla más allá de su razonamiento ordinario.

La idea de que los cristianos deben orar no es nueva. Hoy en día, el verdadero desafío se halla en la recuperación de un modo de oración profunda que nos conduzca a la experiencia de la unión, lejos de las distracciones superficiales y de la autocompasión. Los interrogantes actuales siempre han existido: ¿Cómo oramos a ese nivel? ¿Cómo aprendemos la disciplina que conlleva? ¿Cómo nos concentramos, de una manera plenamente natural, en la más profunda realidad de nuestra fe? ¿Cómo damos el importante paso que conduce de la imaginación a la realidad, de lo conceptual a lo concreto, del asentimiento teórico a la experiencia personal? No vale sencillamente con plantearse estas cuestiones como problemas intelectuales. Son mucho más urgentes que eso. Se trata de desafios existenciales, por lo que sólo pueden responderse no tanto mediante las ideas, sino con la vida.

La forma más simple de responder a la pregunta «¿cómo oramos?» puede encontrarse en la afirmación de san Pablo: «No sabemos cómo orar, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda». Al cristiano se le ha concedido estar libre de todas las cuestiones problemáticas acerca de la oración; esto ocurre en virtud de la revelación de que lo que él llama «su oración» no es más que una incursión en la experiencia de oración de Jesús mismo, el Espíritu, el vínculo de unión con el Padre.

Es esta vivencia de Jesús lo que constituye el presente, la realidad eternamente presente en el núcleo de cada conciencia humana. Todas nuestras búsquedas de conocimientos esotéricos, métodos o doctrinas ocultas resultan innecesarias, porque el secreto definitivo ya ha sido revelado: «El secreto es éste: Cristo está en ti». Por lo tanto, en la oración no tratamos de que ocurra algo. Ya ha sucedido. Simplemente descubrimos lo que ya existe, adentrándonos cada vez más en la conciencia unificada de Jesús, en la maravilla de nuestra propia creación. La prisión de la fijación en uno mismo, que nos impide realizar este camino, ya no puede encerrar a quienes logran entender que poseen «la mente de Cristo».

John Main, OSB
Del libro: Word into Silence – traducido como “Una Palabra hecha Silencio”
© Canterbury Press, 2006 13-17 Long Lane, London ECIA 9PN, Reino Unido
© Ediciones Sígueme S.A.U., 2008
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