ENTUSIASMO POR LA ORACIÓN

Entusiasmo por la Oración – John Main, OSB

Juan Casiano 1

No seguiríamos leyendo los evangelios o a san Pablo hoy en día, si no fuera cierto que la experiencia humana del Espíritu es en esencia la misma en todas las épocas y en todas las tradiciones, porque consiste básicamente en el mismo encuentro con el amor redentor de Dios en Jesucristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre. La importancia de esta verdad para nosotros hoy en día reside en que, aunque nadie puede peregrinar por uno mismo, sin embargo es posible aprovecharnos de la experiencia y de la sabiduría de quienes han hecho el camino antes de nosotros. En su época y para sus coetáneos, Jesús fue visto como un maestro que había alcanzado la iluminación merced a su fidelidad y perseverancia.

A lo largo de toda la historia cristiana, numerosos hombres y mujeres de oración han cumplido una misión especial llevando a sus coetáneos, e incluso a generaciones posteriores, hasta la misma luz, el mismo renacimiento espiritual que Jesús predicó. Uno de estos guías del espíritu, Juan Casiano, que vivió durante el siglo IV, puede ser considerado entre los más influyentes maestros de la vida espiritual en Occidente. Su particular importancia como maestro e inspirador de san Benito y, por consiguiente, de todo el monacato occidental, deriva de la función que desempeñó como introductor de la tradición espiritual de Oriente en el aprendizaje de Occidente.

El camino de Casiano comenzó con su propia búsqueda de un maestro, de un experto en la oración, alguien que no podía encontrar en su monasterio de Belén. Al igual que miles de jóvenes peregrinan hoy en día a Oriente buscando sabiduría y una persona con autoridad, así Casiano y su amigo Germano viajaron a los desiertos de Egipto, donde se encontraban los maestros espirituales más santos y famosos de la época. En sus Instituciones y Colaciones, Casiano apenas nos deja rasgos personales particulares sobre sí mismo, del mismo modo que tampoco los deja san Benito en su regla, tan deudora de Juan Casiano. No obstante, percibimos que en Casiano encontramos un espíritu que, como el de san Benito, ha cumplido el objetivo de su propia enseñanza, la trascendencia de uno mismo.

Las particulares cualidades de Casiano, que le proporcionaron tal autoridad y capacidad de guiar, fueron su capacidad de escuchar y el don de comunicar que había escuchado y asimilado. Al escuchar con total atención la enseñanza del santo abad Isaac, por primera vez prendió en Casiano el entusiasmo por la oración y la firme decisión de perseverar. El abad Isaac hablaba con elocuencia y sinceridad, pero como Casiano concluye en su primera conferencia: «Hasta entonces tan sólo se nos había hablado de la excelencia de la oración. Pero por qué procedimiento y virtud íntima podía llegar a ser continua, permanecía siendo para nosotros un enigma, que esta primera entrevista no nos había esclarecido del todo» (Conl. 9,36).

Su experiencia era obviamente muy parecida a la de muchas personas de hoy en día, que han oído relatos sobre la oración sumamente inspiradores, pero no reciben instrucción respecto al método práctico para descubrir al Espíritu que ora en nuestro corazón. Después de algunos días, Casiano y Germano retornaron humildemente al abad Isaac con una sencilla pregunta: «¿Cómo oramos? Enséñanos, muéstranos el modo ». Su respuesta a esta cuestión, que se encuentra en la décima conferencia de Casiano, ejerció un influjo decisivo en la comprensión occidental de la oración hasta nuestros días. Muestra, en primer lugar, que la oración es tanto el reconocimiento como la experiencia de nuestra propia pobreza, de nuestra completa dependencia de Dios, que es la fuente de nuestro ser. Pero también constituye la experiencia de nuestra redención, de nuestro enriquecimiento por el amor de Dios en Jesús. (Continuará la semana próxima).

John Main, OSB
Del libro: Word into Silence – traducido como “Una Palabra hecha Silencio”
© Canterbury Press, 2006 13-17 Long Lane, London ECIA 9PN, Reino Unido
© Ediciones Sígueme S.A.U., 2008
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana
Editado por Hugo Mateo y Ricardo Centurión

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