Nuestro camino es el del Silencio - John Main

Nuestro camino es el del Silencio – John Main, OSB

El lenguaje con que expresamos nuestra experiencia espiritual varía. La realidad del Espíritu no lo hace. Por eso, no basta con leer a los maestros de oración; tenemos que lograr aplicar el criterio de nuestra propia experiencia, pese a lo limitada que pueda ser, con el fin de contemplar la misma realidad que refulge en diversos testimonios. Por ejemplo, lo que Hilton y santa Teresa nos muestran es la misma experiencia de oración que llevó a Pablo a escribir que “nosotros no sabemos orar como es debido, y es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros” (Rom 8, 26). En el lenguaje actual, esto significa que, antes de poder orar, tenemos que serenamos y concentramos. Solamente entonces podremos conocer desde el Amor al Espíritu de Jesús en nuestro interior.

Ahora bien, muchos cristianos seguirán diciendo: «Muy bien, pero esto es para los santos, para especialistas de la oración », como si la calma y el silencio no fuesen ingredientes universales del espíritu humano. Este tipo de obstinada falsa humildad se basa en el total desconocimiento de los destinatarios a los que Pablo escribía en Roma, Corinto y Éfeso. No se dirigía a especialistas, a carmelitas y cartujos, sino a esposos y esposas, a carniceros y panaderos. Muestra asimismo un desconocimiento de la enseñanza concreta de los maestros posteriores sobre la oración.

Por ejemplo, Teresa de Jesús opinaba que quien se tomaba en serio la oración sería conducido a lo que ella denominaba «el espíritu de quietud» en un tiempo relativamente corto, seis meses o un año. El abate Marmion consideraba que el primer año de noviciado en el monasterio estaba destinado a alcanzar la que él denominaba «oración contemplativa». Juan de la Cruz dijo que el principal signo de la disponibilidad para el silencio era que la reflexión discursiva en el momento de la oración resultaba una distracción y resultaba contraproducente. De todos modos, existe una especie de humildad presumida que nos hace mantenemos distantes de la llamada al Amor redentor de Jesús. Muy a menudo nos mostramos reluctantes a la hora de admitir que somos nosotros los pecadores y los enfermos que Jesús vino a sanar, y con mucha frecuencia preferimos nuestro aislamiento defensivo al riesgo que conlleva el encuentro cara a cara con el Otro en el silencio de nuestra propia vulnerabilidad.

En la meditación apagamos el proyector que ilumina nuestra propia conciencia, el cual supone un análisis egocéntrico de nuestra propia indignidad. “Y aunque a veces se tenga por bueno pensar acerca de la bondad y la grandeza de Dios, y a pesar de que recibamos en esto alguna luz y lo tomemos como parte de la contemplación, la tarea a la cual ahora nos enfrentamos nos obliga a desembarazamos de tales cosas, de modo que ellas queden encubiertas por la nube del olvido. Y darás este paso con ánimo resuelto y anhelante», dice el autor de La Nube del No-Saber en el capítulo sexto. Mediante la oración alcanzamos un conocimiento más profundo de Dios en Cristo. Nuestro camino es el del silencio. Y el sendero hacia el silencio es el del mantra.

John Main, OSB
Del libro: Word into Silence – traducido como “Una Palabra hecha Silencio”
© Canterbury Press, 2006 13-17 Long Lane, London ECIA 9PN, Reino Unido
© Ediciones Sígueme S.A.U., 2008
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana
Editado por Hugo Mateo y Ricardo Centurión

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