Pobreza de espíritu

Pobreza de espíritu – John Main, OSB

Estos aspectos relacionados de la oración, el de la pobreza y el de la redención, llevan a Casiano a llamar al estado del que disfrutamos en la oración «pobreza eminente». Casiano escribe: «Persista el alma en la rumia constante de estas palabras. Hasta que, meditándolas sin cesar, encuentre el coraje suficiente para rechazar otros pensamientos, viendo que éstos no son más que riquezas y bienes deleznables. Además,limitándose a esta sola oración y versículo, llegará de una manera connatural y rápida a aquella bienaventuranza de la que habla el evangelio y que tiene la primacía entre todas: “Bienaventurados los pobres de espíritu” (Conl. 10, 11).

Para Casiano, la vida espiritual, la seria perseverancia en la pobreza de un único versículo, constituye una pascua. Mediante la fidelidad pasamos de la tristeza a la alegría, de la soledad a la comunión. Y, a diferencia de muchos ascetas egipcios que consideraban la mortificación como un fin en sí misma, Casiano enseña con claridad que se trata simplemente de un medio para lograr una meta: la ininterrumpida conciencia de la vida del Espíritu que constantemente nos renueva, vivificando nuestros cuerpos mortales. Considera asimismo que la comunidad religiosa es un medio para llevar a cada individuo a reconocer su comunión con todos en Jesús. Al igual que el mantra es el sacramento de nuestra pobreza en la oración, así dentro de la comunidad la honestidad y la franqueza absoluta en las relaciones con los demás y sobre todo con el maestro constituyen el signo y el medio de pasar del miedo al Amor.

Uno de los temas recurrentes de Casiano es la importancia fundamental que le atribuye a la verificación personal. En efecto, debemos conocer por nosotros mismos en lo profundo de nuestro ser. Debemos actuar más que enseñar, ser más que hacer. Sobre todo, hemos de estar totalmente abiertos a la hermosura y maravilla de nuestro ser, al misterio de la vida personal de Jesús en el corazón. Hemos de evitar incesantemente la dificultad de la tibieza, el estado adormilado que denomina paz dañina, pax perniciosa, un sueño letal, el sopor letalis. Su importancia como maestro en la actualidad radica en su sencillez y franqueza, pues los suyos son sentimientos nobles, ideales que inspiran.

Pero ¿cómo podemos cumplir el mandato de Jesús de “velar y orar” (Mt 26, 41)? Casiano trajo la respuesta a Occidente de la antigua tradición de la oración cristiana: sabiendo que somos pobres y profundizando durante la oración en nuestra experiencia de la pobreza, renunciando a nosotros mismos por completo. El sencillo medio práctico que enseña es el incesante uso del mantra. Escribió que el objetivo principal del cristiano es la realización del reino de Dios, la fuerza del Espíritu de Jesús en nuestro corazón. Sin embargo, no podemos lograrlo mediante nuestro esfuerzo ni pensar que contamos con un camino para alcanzarlo, de modo que tenemos una meta más sencilla e inmediata que denomina «pureza de corazón» (Conl. 1,4). Enseña que eso es lo único que nos debería preocupar. El resto nos vendrá por añadidura. Y el camino hacia la pureza de corazón, hacia una percepción plena y nítida, es el de la pobreza, la «gran pobreza» del mantra.

John Main, OSB
Del libro: Word into Silence – traducido como “Una Palabra hecha Silencio”
© Canterbury Press, 2006 13-17 Long Lane, London ECIA 9PN, Reino Unido
© Ediciones Sígueme S.A.U., 2008
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana
Editado por Hugo Mateo y Ricardo Centurión

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