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Re-cordar a Father John -Lucía

by | Dec 30, 2020 | Meditacion Cristiana

Re-cordar a Father John

Imagen cortesía de Begoña Barber

Re-cordar a Father John – Lucía

Fue el lunes 20 de julio de 1981 cuando llegué por primera vez al Benedictine Priory en la Avenida Pine West en Montreal y toqué la puerta. Fue el monje Paul Geraghty que con una sonrisa y con hospitalidad benedictina, me recibió y me llevó al salón donde se llevaría a cabo la conferencia de los lunes a las 20.00.

En el salón había como 60 personas – unas sentadas en cojines y otras en bancas alrededor de los cojines. Se escuchaba música clásica. A las 20.00 en punto apareció Father John y se sentó silenciosamente para escuchar con atención la música. Unos minutos después, se paró para apagar el toca-discos, regresó a la silla, se colocó un pequeño micrófono alrededor de su cuello y comenzó a hablar.

Nos hablaba de la meditación cristiana y en su voz había total convencimiento, ni una sola nota falsa o de duda, nos hablaba desde el corazón; con firmeza y gentileza nos presentaba una llave diferente para conocer a Dios, para aprender a vivir en su presencia. En su charla no había condiciones, amenazas, premios o castigos por si meditábamos o no. Había y trasmitía certeza, bondad y libertad. Nos daba un – El Regalo. El tono de su voz, la chispa en sus ojos, su belleza, hacían más atractiva la escucha. Había algo fascinante en su persona que encarnaba su enseñanza. Terminaba su charla indicándonos el “cómo” meditar, que pienso que era la parte clave del inicio del camino contemplativo. En sus charlas, insistía en “Vuelve a la repetición de tu palabra sagrada o mantra, Ma-ra-na-tha”.

Se dirigía de nuevo al toca-discos para poner música por unos 3 minutos mientras que cada uno de nosotros nos re-colocábamos en el cojín o en las bancas, para iniciar nuestra meditación, para irnos aquietando y vivir la experiencia durante 20 o 30 minutos. Al terminar esos 3 minutos, él regresaba al toca-discos y lo apagaba y meditábamos. Al terminar la meditación, él volvía a poner música y se despedía y todos salíamos del salón, en silencio, respetando así el silencio del monasterio. Pasábamos por el hall donde había una pintura de María y ahí se oraba en latín el Ave María. Los monjes en silencio se iban a la Capilla a hacer las Vísperas del Oficio Divino. Algunos meditadores entraban también a la Capilla mientras que la mayoría se iba.

Así era cada lunes y martes, así llegábamos a veces corriendo y escapando del bullicio de la ciudad. Pasaban los meses y notábamos que su salud se deterioraba pero no su enseñanza. Con el mismo entusiasmo, con la firmeza de su voz, con la chispa en sus ojos, lo escuchábamos para irnos sumergiendo en el hábito de la meditación.

En diciembre de 1982 nos fuimos de vacaciones a México y a nuestro regreso, los primeros días de enero de 1983, encontramos una carta en la que los monjes nos comunicaban la noticia de su fallecimiento, hacía unos días, el 30 de diciembre. Murió en su monasterio a eso de las 8.00 am.

En ese entonces, con la tristeza de su muerte, no podría imaginar que su legado llegara a tantas personas y que su enseñanza siguiera viva 38 años más tarde.

Aquí estamos con él acompañandole en su camino, que lo hizo nuestro.

Lucía Gayón
Ixtapa, México

Escucha el Adagio de Albinoni que era una de las piezas musicales que le gustaba a Father John

Los momentos más significativos de una relación de Amor son aquellos que se manifiestan en el silencio. Leer más.

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