Recitar el mantra

Recitar el mantra – John Main, OSB

Aprender a meditar consiste en aprender a recitar el mantra, y puesto que es tan simple como esto, debería quedarnos muy clara nuestra comprensión del proceso de recitado del mantra. Hemos de crecer en nuestra fidelidad al mantra, y en la misma proporción, éste se enraizará progresivamente en nuestro interior. Como sabes, el mantra que recomiendo recitar es la palabra “Maranatha”, la arcaica oración aramea que significa: “Ven, Señor. Ven, Señor Jesús”. Sugiero que la articules silenciosamente en tu mente, acentuando con la misma intensidad cada una de las cuatro sílabas. Ma-ra-na-tha. Normalmente comenzamos pronunciando el mantra, es decir, parece como si lo dijéramos silenciosamente en nuestra mente, en alguna parte de nuestra cabeza, pero al avanzar nos familiarizamos con el mantra, que deja de ser un extraño o un intruso en nuestra conciencia. Descubrimos que necesitamos un menor esfuerzo a la hora de perseverar en el recitado durante el tiempo de la meditación. A continuación, parece que ya no hablamos en nuestra mente, sino que resuena en nuestro corazón, y éste es el momento que describimos diciendo que el mantra hunde sus raíces en el corazón.

Ninguna metáfora resulta verdaderamente satisfactoria para esta cuestión, pero a veces resulta útil y reconfortante saber que la experiencia personal en la meditación es también la experiencia general de los fieles. Por ello, este momento en que resuena el mantra en el corazón podemos compararlo con empujar levemente un péndulo, que sólo necesita de un pequeño estímulo para oscilar con un ritmo tranquilo y firme. Es entonces cuando realmente comienza la meditación. Empezamos a concentrarnos en algo distinto de nosotros mismos, porque en adelante, en lugar de recitar el mantra o de que éste resuene, lo escuchamos con una atención cada vez más profunda. Cuando describía este estadio de la meditación, mi maestro solía decir que a partir de ese momento sucede como si el mantra resonara en el valle que se extiende bajo nuestros pies, mientras nosotros ascendemos por la ladera de una montaña.

En su esencia, la meditación consiste en el arte de la concentración precisamente porque, cuanto más ascendemos por la loma, más suave es el mantra que resuena en el valle a nuestros pies, por lo que debemos prestar mayor atención. Entonces llega un día en que nos adentramos en esa «nube de no-saber» en la que se da el silencio, el silencio absoluto, donde ya no podemos escuchar el mantra.

En cualquier caso, siempre debemos recordar que no podemos imponer el ritmo de la meditación o acelerar el proceso natural por el que el mantra se enraíza en nuestra conciencia en virtud de nuestra fidelidad a la hora de recitarlo. No debemos preguntarnos, interesados en nosotros mismos: “¿Cuánto he avanzado? ¿Recito el mantra o lo escucho?”. Si tratamos de forzar el ritmo o mantener un ojo vigilante sobre nuestro progreso, estaríamos, si existiese tal palabra, “des-meditando”, porque estaríamos concentrándonos en nosotros mismos, poniéndonos en primer lugar, pensando en nosotros. La meditación exige una sencillez absoluta. Somos guiados a tamaña sencillez, pero se comienza y se avanza recitando el mantra.

John Main, OSB
Del libro: Word into Silence – traducido como “Una Palabra hecha Silencio”
© Canterbury Press, 2006 13-17 Long Lane, London ECIA 9PN, Reino Unido
© Ediciones Sígueme S.A.U., 2008
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana
Editado por Hugo Mateo y Ricardo Centurión

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