Renuncia a las distracciones

Renuncia a las distracciones – John Main, OSB

Aprender a meditar es algo muy práctico. Solamente hay un requisito para empezar. Y este requisito es querer seriamente aprender a meditar. Es un proceso de absoluta simplicidad. Generalmente estamos obsesionados con la idea de las técnicas, métodos, metodología, etc., pero en la meditación el Camino es muy sencillo. Permíteme describírtelo:

Debes buscar un lugar privado, lo más privado que puedas, y una vez que lo encuentres, siéntate. Te recomiendo que cierres tus ojos suavemente y comiences a decir tu palabra. La palabra que te recomiendo es maranatha. Es una palabra en arameo y es importante porque es una de las oraciones Cristianas más antigua y porque además tiene el sonido correcto que nos conduce al silencio y a la quietud necesaria para la meditación. Eso es todo. Siéntate derecho y mantente en esa posición. Y luego, en toda quietud y en el silencio de tu espíritu, repite tu palabra, ´Ma-ra-na-tha´.

Te quiero responder a una pregunta que todos nos hacemos. Es sobre las distracciones. ¿Qué es lo que debo hacer cuando comienzo a meditar y llegan pensamientos que distraen a mi mente? El consejo que nos da la tradición es que ignores las distracciones y digas tu palabra y que continúes diciéndola. No pierdas tu energía pensando en qué es lo que vas a comer para la cena, o a quién vas a ver hoy, o a dónde tienes que ir mañana – o cualquier otra distracción que llegue. No uses tu energía tampoco para tratar de disipar esa distracción. Simplemente ignórala y la forma de ignorarla es diciendo tu palabra.

En otras palabras, cuando medites tu energía debe ser canalizada en un camino, y ese camino es el de tu palabra. Es difícil entender este consejo fuera de la experiencia de la meditación. Como lo he sugerido, la meditación es sobre la quietud. Es como la quietud de una piscina con agua. Las distracciones que nos llegan cuando empezamos a meditar son solo corrientes y movimientos del agua. Pero, cuando comienzas a meditar, y comienzas a aquietarte, la profundidad del agua se hace más clara en la medida de tu quietud.

La experiencia de la meditación, la experiencia a la cuál todos estamos llamados y a la cuál todos somos capaces, es el poder descubrir esa quietud, esa profundidad en nosotros mismos – como la profundidad del agua en esa piscina, agua de una profundidad infinita. Lo maravilloso de esa piscina de agua es que cuando está quieta es como una gota viva de cristal vista con la luz del sol. Es a esto a lo que estamos invitados en la meditación – a descubrir la profundidad de nuestro espíritu y la capacidad de nuestro espíritu de poder ser en armonía con el Dios que nos dice que Él es la luz. ´Yo soy la luz del mundo´.

John Main, OSB
Del libro: Momento de Cristo
Traducido por Lucía Gayón
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana

PREGUNTA DE LA SEMANA

En base a tu experiencia de meditar, ¿cómo ha sido tu historia para manejar las distracciones que siempre ocurren cuando meditamos?

Publicaré tu escrito en el sitio web y en las redes sociales donde podrás también ver las reflexiones de otros meditadores, lo que nos ayuda tanto en el compartir como en el aprender del otro. Por favor indica el nombre de la ciudad y del país donde te encuentras y manda tu escrito a permanecerensuamor@gmail.com

Nota: Nos reservamos el derecho de elegir las reflexiones que como son de dominio público, deben de ser claras, simples y que estén totalmente relacionadas con la experiencia de la meditación cristiana. La idea es compartir el regalo y así dar a conocer la meditación cristiana en su cualidad de simplicidad.