Ser plenamente conscientes

Ser plenamente conscientes – John Main, OSB

En el último apartado escribí que la gente de hoy en día es cada vez más consciente de la insuficiencia del lenguaje como medio de llegar al conocimiento personal. No hay en ello nada en contra de lo intelectual. Tampoco se sugiere que el lenguaje no sea un medio de comunicación esencial entre personas. De hecho, este libro sería una contradicción si lo sugiriera. Es posible que el lenguaje no nos conduzca a la comunión definitiva, pero se trata de la atmósfera donde primero entramos en contacto con la conciencia. El lenguaje la amplía y nos conduce al silencio, pero sólo en el silencio y a través de él llegamos a ser plenamente conscientes.

Como ejemplo de este aspecto algo abstracto, volvamos a la idea de nuestra armonía personal. Como idea, tenemos que hablar al respecto a través del lenguaje. El lenguaje hace uso de palabras. Éstas tienen sentido en la medida en que no significan otra cosa; por esta razón, para hablar de armonía personal debemos analizar, distinguir, separar. Con armonía personal me refiero a la integración, a la cooperación de mente y corazón, cuerpo y espíritu. Pero cuando hablo de ellos así, como entidades separadas, ¿no sugiero que actúan independientemente unos de otros? Por supuesto, sabemos que no actúan para sí mismos, sino para el conjunto. Si oigo noticias gozosas, siento esa alegría en mi cuerpo, la entiendo en mi mente y expande mi espíritu. Suceden todas esas cosas y constituyen mi respuesta, el modo de implicarme en lo que me ocurre. No es que mi cuerpo diga algo a mi mente o que ésta me comunique algo por medio del lenguaje corporal. Soy una persona íntegra y respondo íntegramente (1 Cor 12, 12-36).

Estamos al corriente de que somos esta persona en su integridad, esta armonía, pero a la vez no lo sabemos, porque dicho conocimiento no ha llegado a ser totalmente consciente. Tal vez podamos decir que la armonía consciente que vive en gozo y en libertad absoluta en el centro de nuestra existencia aún no se ha extendido y esparcido por todo nuestro ser. Para que ello ocurra, simplemente debemos eliminar el obstáculo del pensamiento consciente de sí mismo y del lenguaje que se otorga importancia a sí mismo. En otras palabras, hemos de callarnos. Si realmente nos conociésemos como un cuerpo-mente-espíritu, como la armonía de los tres, estaríamos avanzando en la dirección que nos lleva a ser plenamente conscientes a lo largo de todo nuestra existencia. Pero de todos modos, como gente de hoy en día, hemos perdido el conocimiento de nuestro espíritu y lo confundimos con nuestra conciencia. A resultas de ello, hemos perdido esa sensación de equilibrio y proporción que, como criaturas, debe llevarnos al silencio creativo de la oración.

Sólo cuando comenzamos a recuperar nuestra percepción del espíritu empezamos a entender el inteligente misterio de nuestra existencia. No sólo somos cuerpo por un lado y mente por otro en coexistencia. Poseemos un principio de unidad en el seno de nuestro ser, en el centro de nuestro ser, y es éste, nuestro espíritu, el que constituye la imagen de Dios en nuestro ser.

John Main, OSB
Del libro: Word into Silence – traducido como “Una Palabra hecha Silencio”
© Canterbury Press, 2006 13-17 Long Lane, London ECIA 9PN, Reino Unido
© Ediciones Sígueme S.A.U., 2008
Para la difusión gratuita de la Meditación Cristiana
Editado por Hugo Mateo y Ricardo Centurión

PREGUNTA DE LA SEMANA
¿Cómo podrías describir lo que para ti es el principio de unidad?

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